Bali, la isla de los dioses (I)

Siempre llevo libreta. Si estoy bollante ese año (ocurre poco) me consiento una Moleskine, si no, un sucedáneo de Moleskine, parecida en lo superficial, disímil en peso, calidad del papel y cubiertas; pero hace las veces, que es lo que cuenta, me sirve para volcar mi escritura e impedir que mi mente desmemoriada no haga de las suyas, permitiéndome en el futuro un acceso casi total a todos mis ideas, pensamientos y recuerdos.

Cuando viajo llevo libreta. Si en mi vida diaria me es imprescindible cuando viajo se convierte en una necesidad casi enfermiza: no quiero olvidar nada. No es que escriba continuamente, pero sí intento anotar todo aquello que considero esencial; nombres de lugares (sobre todo si están en otra lengua), monumentos, anécdotas, comidas típicas, costumbres que me sacuden de mi condición de turista ajena.

No llevo un orden particular en mis libretas, tengo decenas, aunque es cierto que casi siempre las lleno en ciclos escolares (de septiembre a junio), o en años completos. Si el año es prolífico, completo varias y últimamente estoy dedicando alguna de forma específica a la poesía para que no se me mezclen, como solía ocurrir, los versos con las listas de la compra o las churras con las merinas.

Para recordar mi viaje a Bali sé rápidamente a qué libreta debo acudir, sucedáneo de Moleskine, estante tercero de la librería, margen derecho. Lo sé porque además la dispuse junto con un mapa de la isla, una guía turística que redacté yo misma y una guía de viaje de Bali y Lombok de la editorial Kairós del año 1995 que ” se me apareció” en el kiosko de la plaza San Agustín en el que siempre compro libros de segunda mano. Parecía que aquel día en el que simplemente iba a echar un ojo a las novedades-antigüedades que nuestro kioskero de confianza ubica cada día desde las 7 de la mañana desplegados en una mesa, todo estaba dispuesto para que yo encontrara aquella guía: dos semanas antes de emprender mi viaje.

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“Los balineses antes se dedicaban a recoger cocos, ahora recogen cocos blancos (turistas)”. (Desconocido)

Bali, 25 de mayo de 2018 (Anotaciones extraídas de mi libreta)

He descubierto que en el paraíso también puedes tener pesadillas. La primera de ellas ha sido así: estaba yo de visitante en una cárcel, quizás les estaba dando una charla a las reclusas dentro de una de las celdas. Utilizaba el vídeo VHS de una televisión antigua, de esas culonas y que de vez en cuando se rallan y distorsionan sus colores, cuando no sé cómo se activó otro vídeo que había grabado dentro. Este mostraba a una de las celadoras abusando de una reclusa (parecía ser una cárcel de mujeres) pero su cara iba metamorfoseando; le salía barba, era cambiante, no se quedaba nunca en reposo, como si quisiera ocultarse pero no lo consiguiera del todo. La celadora, que nos esperaba al otro lado de los barrotes, se percataba de que la habíamos descubierto y  hecha una furia nos encerró en la celda y fue directa a por nosotras. La sala alteró las leyes de la física y se dio la vuelta y mi voluntad de correr era tan fuerte que la ventana se me hacía lejana teniendo incluso que escalar (…).


BAHASA BALI

Uno de los aspectos por los que primero me intereso cuando viajo a un país es su lengua, será una deformación profesional, pero pienso que, al menos, el turista y el largo séquito de despropósitos que provoca con su llegada pueden redimirse de alguna forma si expresamos respeto y educación hablándoles algunas expresiones en su idioma. Con la vastedad de los territorios del país de Indonesia, encuentro que, junto con el indonesio, bahasa indonesia, en Bali se habla su lengua autóctona, bahasa bali, muy compleja porque es ácrata (no tiene sistema de escritura), tiene muchas variaciones gramaticales y no hay una gramática definitiva y además varía en función de las castas que lo hablen (existe la lengua que se habla entre personas de las misma casta, la que se habla con los de casta inferior, la cortés, que se usa para hablar con o sobre extraños y la dirigida a personas de la casta superior), difundiéndose así, idioma y sentimiento de pertenencia a una casta de padres a hijos. Aprendo rápido que de nada es muwali /muâli/ y que el saludo cordial, recordemos o anticipemos que son hindúes es Omm swasti astu, a lo que el interlocutor responde: Omm shanti shanti.

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Ofrenda entre los arrozales de Tegallalang

LOS NOMBRES

El nombre más común para los hombres en España es – redoble de tambores- Antonio, según el INE de 2018, aunque es frecuente encotrarte con un Antonio en tu vida, tenemos bastante variedad a la hora  de  nombrar tanto al hombre como a la mujer, con incluso las últimas adquisiciones irrisorias de nombres de personajes de series famosas a lo Khaleesi. Pues bien, en Bali solo puedes elegir entre un puñado de nombres para designar a los recién nacidos y con una curiosa lógica: Wayan o Gede (para el primer hijo) o Putu si es chica; Made, Kadek, Nengah (para el segundo en ambos sexos), Nyoman o Komang (para el tercero, chicas incluidas) y Ketut (para el cuarto o la cuarta). ¿Y si tienen cinco? Pues vuelva a empezar, se llamaría Wayan.

 

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Decoraciones en Ubud

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