El hombre y la crema

Suenan guitarras eléctricas de fondo, música rock que da la bienvenida, en el típico bar de Nebraska en mitad de un páramo hostil, a cuatro hombretones: Carvajal, Marcelo, Isco y Bale de los que no podemos poner en duda su masculinidad; son altos, fortudos, viriles, con semblante serio y, extra points, jugadores de fútbol, deportistas de élite y ricachones.

El dueño del bar, otro varoncete fornido más, les interpele con cara de pocos amigos, ¿dónde van estos metrosexuales? No se preocupe, señor Palelíticus, son solo hombres, como usted, ahora se lo demostrarán; Marcelo, en un único, convulso y certero movimiento reta al más fuerte del condado y con solo un aspaviento consigue ganarle el pulso bajo la atenta mirada del resto de paleolíticus y ¡solo llevan quince segundos en el bar! Esto promete.

La cabalgata de gestas medievales persiste: ahora le llega el turno a un leñador que consigue romper en dos un árbol que quizás lleve en el condado trescientos años, quién sabe si precolombino; camisa de cuadros, mirada heladora, barba espesa y lobo al que ha conseguido domesticar como espectador más. ¿Acaba todo ahí? NO. Nuestros cuatro protagonistas, que llevaban ya unos diez segundos sin hacer demostración de su fuerza, se embarcan en una travesía en coche digna de Ulises mientras esquivan camiones escupidos por el tornado al que, sí, valientes ellos, se dirigen.

Y de repente, en el segundo treintaitrés, caminan victoriosos ya en su medio natural, por el vestuario de algún club de fúbtol. Se abre una taquilla y ¡pum! Siete botes de cremas rosas y grisáceas de todo tipo de hechuras, para el que no lo sepa, se dejan entrever sérums, cremas de cara, contornos de ojo, cremas de cuerpo, de manos…

Interviene el narrador en off con un contundente, “No cambies la música” al que acompaña la introducción de una melodía pastelosa que canta “I love yoooouuuu”, sugiriendo que esa es la música de las mujeres y no el rock viril que se ha visto interrumpido.

Vuelve la música rock, ellos recuperan el trono, el tono, la compostura y el narrador les tranquiliza: “Prueba la nueva Nivea men creme creada para los hombres”, anunciando una crema “para los hombres” tres en uno: cara, cuerpo y manos, para que no anden desubicados entre tanta parafernalia de cuidados, tonos rosa y melodías edulcoradas.

El hombre en su grupo de iguales, todos ellos, al unísono, acompañándose, acometiendo sus heroicidades, sin tiempo para su cuidado corporal; el hombre que se cuida de forma tangencial, queriendo agilizar el trámite, que se coloca la crema como quien se rasca la oreja izquierda, en un ademán irreflexivo; la mujer, sin necesidad siquiera de aparecer para ser evocada emula ese ser rosáceo, delicado, al que le gusta lo melódico y que tiene tiempo de sobra para sus cuidados.

El anuncio no es inocente, las ideas que quiere proyectar calan en la sociedad, postergando estereotipos que enfatizan unas supuestas diferencias de conducta entre hombres y mujeres y lo que es peor, promoviendo que la existencia del supuesto atributo femenino en el hombre; dedicarse cuidados, la delicadeza, la contención, el pacifismo, no son sino debilidades a evitar.

Y que Unidos Podemos ahora pase a llamarse Unidas Podemos no cambia en nada el panorama.

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