Habla memoria

Hace ocho meses me dije, me convencí de que tenía que escribir sobre la desmemoria, sobre el olvido y todas sus formas. Hace tres meses volví a desdecirme, a perder la convicción de que sacaría el tiempo o las ganas, o las ganas para tener tiempo y escribir sobre el olvido y sus otras formas, las más oscuras y maniqueas. Está lloviendo y es de noche, en Medellín la vida del día es eterna pero la luz corta, a las seis y media ya es de noche. Varias pantallas gigantes sobresalen de la estampa, la palabra es una herramienta de lucha dice una de ellas. Estoy en el Festival Gabo, uno de los eventos de periodismo más importantes del panorama actual, en el Jardín Botánico de Medellín. Recorro las fotografías de Federico Ríos y su #transputamierda, baño mis pies en el agua tropical de la capital paisa, escucho a Joe Sacco y por último a la memoria.

Speak memory dice Nabokov pero, también Narcís Comadira. Calla las cosas más turbias y más tristes que nos revelan tal y como somos de veras. Sin ropa quiere Comadira que acabemos diciéndonos todo, que nuestra memoria hable habiendo aceptado el sacrificio cruento de vernos astrosos y desnudos y que, al fin, la memoria hable. Dicen las voces que se ven y se escuchan de las pantallas gigantes que la palabra es la única herramienta de la batalla en la que las víctimas ganan, porque sí hay batallas sobre la memoria. Hay palabras sin articular de personas sin encontrar. Hay palabras quemadas y olvidadas por la desmemoria, la falta de ganas de recordar. Ocurre esto en Medellín, donde ha sido necesario levantar una Casa de la Memoria. Ocurre esto en Argentina, donde desaparece o han querido hacer desaparecer a Santiago Maldonado. Vuelve a ocurrir en México donde cada día olvidan a más a estudiantes, a más políticos. Ocurre en Honduras y le ocurre a Berta Cáceres a la que directamente hacen evaporarse.

El dolor es inhumano. El calor es humano. El esfuerzo es sobrehumano.

Siete años buscando a una persona. Siete años buscando el olor de su ropa, la forma de sus manos, el culpable de su desaparición. Siete años utilizando la palabra, el recuerdo para darle forma a un sentimiento. Siete años sin saber dónde está. Ocho meses después, en el otro hemisferio del planeta, se sienta el abuelo de Marta del Castillo frente a cientos de estudiantes de periodismo, en la Universidad de Sevilla. Se sienta sobre el olvido y frente al recuerdo de su nieta en las caras de los que podrían ser ella. Remuevo las piedras y ellas me remueven el corazón. Dice haberse aprehendido los lugares en los que Marta puede estar, la dársena del río, la cuenca del Guadalquivir.

Ellos expresan sin palabras que nunca se aprende a vivir con el olvido, sufriendo la política de la desmemoria, día a día, con cada paso y cada compra, cada ducha y cada comida, en todas las rutinas. Y, a veces, aquellos que no lo experimentamos en primera persona también sufrimos la desmemoria. Olvidamos mirar y respetar con los ojos del desaparecido, de la víctima. Olvidamos el recuerdo efímero del dolor, no desnudamos la verdad de Comadira porque es doloroso hacer hablar a la memoria. Vierte, quema devora, arrasa, muestra el terror que has celado fielmente y entonces dilo todo, speak memory.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s