Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo

La última moda entre las y los influencers es sortear voluntariados.

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Barbiesaviors * Texto acompañado de fotografía, en ella podemos ver sonrisas, alegría, saltos e incluso si deslizas la pantalla un video de muchos niños africanos contemplando el móvil mientras este les dispara fotografías. La instantánea ha sido editada con VSCOCam: nivel de saturación alto, temperatura alta, contraste +4, iluminación -1, tono A4.

El feed de este instagramer está lleno durante un par de semanas de fotos de Tanzania. How incredible you are, Africa! Amazing, ¡Me has robado el corazón, un pedacito de mí se queda aquí!

¿Pero qué ocurre? ¡Si venden cosmética porque venden cosmética, si publicitan ASOS porque son unos capitalistas, si promocionan extensiones de pestañas porque son unos superficiales! Y ahora que hacen una labor social comprometida, ahora que deciden ir a Tanzania, Níger, Zimbabue [introduce aquí país random de África] también se les echa en cara eso. ¿Qué queremos acaso?

Hace varios días, Xavier Aldekoa, corresponsal de África en La Vanguardia, mencionaba la necesidad de dejar a un lado el pensamiento paternalista para con África desde Occidente. Explicaba cómo es necesario poner nombre y apellido a los protagonistas de las historias y sucesos del continente vecino y también aprender a descolonizar el pensamiento. Aldekoa hacía mención a otros problemas que enferman a los países africanos como el hambre, el yihadismo y la violencia y cómo la labor de los Estados occidentales, las oenegés y los voluntariados no puede quedarse en una simple ayuda puntual, sino en trasladar la problemática a la esfera local y trabajar para una mayor sensibilización “El activismo también requiere responsabilidad. Si te implicas en algo te tienes que implicar hasta el final, tienes que luchar para que las cosas cambien y no solo para recibir retuits o likes en Facebook. Con el activismo de salón nos quedamos a mitad de camino.”

El poder de persuasión e influencia que tienen los personajes mediáticos a través de redes sociales como Instagram es cada vez mayor. Estos pueden llegar a conseguir que la oveja más descarriada sienta la imperativa necesidad de apagar Mujeres y Hombres para viajar hasta Níger, colocarse una camiseta de voluntario y que se ponga manos a la obra. Pero, esta tarea, este impulso vital es efímero, dura dos vuelos: uno de ida y otro de vuelta. Puede, comulgando con un optimismo férreo, que en su regreso la oveja se encamine y haya adquirido una fina y profunda sensibilidad social. Puede que decida formar parte de un colectivo social que ayude a personas con necesidades especiales o a mujeres africanas en riesgo de exclusión social. Puede que comience a hablarle a su abuela sobre la necesidad de derribar prejuicios y aprender sobre la desmitificación del binomio cultural, aún más cuando esa cultura está a catorce kilómetros desde nuestro comienzo. Todo eso siendo optimistas.

Pero, puede que las vías que deban encaminar a la oveja se rijan por algoritmos y publicaciones. Lleva dos semanas sin subir ninguna fotografía que demuestre que ha cruzado el mini charco gibraltareño y ya está hiperventilando. Me comunico, luego existo. Me comunico, luego hago. El pensamiento paternalista es también pictográfico. Al igual que las palabras, las fotografías crean imágenes y crean conciencia. Blanco salva negro. Negro makes me happy. África me roba el corazón. Aquí me quedo yo.

En una actualidad bañada de culpabilidad, parece que el único método de expiación es salvar un negro, pero desde casa. España, uno de los países de la Unión Europea que más población africana recibe, que más oenegés encargadas de ofrecer talleres y asistencias tiene. Los españoles, los jóvenes españoles, los influencers españoles han decidido sortear voluntariados en Tanzania, Níger y demás porque queda más cool coger un avión que el autobús que te lleva a la periferia, a los barrios marginales –ghettos- dónde viven los africanos.

Las fotos, los likes de las fotos, el feed, la temperatura extrema del centro africano, la saturación de bandas criminales organizadas, de estados fallidos y contrastes económicos, la iluminación desteñida por la mala prensa. Las fotos, los likes de las fotos, los niños que parecen modelos sempiternos con sonrisas blancas.  La realidad, la cruda realidad. El estrecho de Gibraltar que sobrevuelan para cruzar hacia su nueva aventura, plagado de vidas y posibles blancas sonrisas sin foto ni abrazo.

Celia Arcos

 

 

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