Arqueología del presente

Lleva años persiguiéndome. A pesar de que he cambiado de ciudad unas cinco o seis veces en los últimos años nunca ceja en su intento de aproximarse. Le he visto cambiar de aguas, de Mediterráneo a Atlántico e incluso de río. No sé cómo lo hace para oler mi rastro, nunca parece errar mi ruta. Parece conocerme incluso mejor que yo misma. Me sigue aunque su sombra larga de tarde no acaba de rozarme. Se mantiene en una distancia de prudencia y observación que le impide comunicarse directamente conmigo en la que su mensaje se extiende, evaporándose a mi alrededor, yo lo huelo y él se esconde tras de ella, dejando que su reguero sea el que me dirija a la siguiente pista. En mi inconsciencia lo he vislumbrado fugazmente alguna que otra vez y esas han sido las revelaciones de su presencia, las pruebas irrefutables de que debo seguir ese camino. El perseguidor y el perseguido, fundiendo sus destinos, legitimando su razón de ser.

Paul Auster lleva años persiguiéndome. Llevo años con sus páginas en mis talones. Y aún así nunca me atreví a aceptar su lectura. Le sigo, leo sus reseñas, estoy atenta a sus nuevas publicaciones y me conmueve encontrar por casualidad un libro suyo en una librería o en una biblioteca. Lo sostengo brevemente entre mis manos y luego lo suelto, como si estuviera maldito, para no consumar esa magia, para no quemar esa última cerilla. Al final, el otro día me topé con una entrevista suya en el programa de La2 Página Dos y decidí que nuestro encuentro debía completarse.

Él lleva años persiguiéndome y le he evitado a sabiendas de que debía leerlo, pero no aún, no en ese presente mío. Ahora ya estaba preparada y me había reunido con él en ese tiempo que yo le había depositado. María, uno de los personajes de su libro Leviatán es una artista muy peculiar que desarrolla métodos diversos para crear sus piezas. Uno de ellos consiste en seguir a personas anónimas por la calle de forma aleatoria para recolectar ciertas piezas de puzzle sobre sus vidas; los fotografía, escondida tras farolas y barreras urbanas y después escribe retazos de sus vidas imaginarias. Con quién se verán, a dónde se dirigirán, cuáles son sus debilidades y sus secretos, ¿irán a visitar a su amante? Al entrar de esa manera tan abrupta pero distante en la vida de esas personas la suya propia toma sentido porque vive en cada uno de ellos concediéndole el don de la intimidad, aunque solo sea ficticio. Porque esa es la literatura ¿no es así? Ya sea más veraz o menos, el autor crea retratos en los que nos sumergimos cada vez que leemos sobre sus personajes, el morbo aquí es sano, está justificado por su carácter de artístico, pero no deja de ser una intromisión consentida. ¿Es ineherente al humano su curiosidad por conocer las vidas ajenas? Para mí y aunque en ese ejemplo Auster lo lleve a un plano más extremo es evidente al pensar en nuestra naturaleza de seres sociales y su manifestación en las artes; que nos acercan biografías, cuentos, retratos, poesía, fotografías de personas reales o ficticias a las que igual nunca conoceremos de no ser por ese medio.  Saciados a medias.

Acabado el libro, empiezo un cuaderno. Ya he elegido a mis víctimas.


 

Fotograma de portada de la película Following (Christopher Nolan).

Beatriz Arcos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s