Nick Drake

O “No es mundo para tímidos”. Hoy he leído que Nick Drake, el cantante que no entraría en la categoría del Club de los 27 porque murió -desafortunada o afortunadamente- un año antes,  tenía verdadera fobia a conceder entrevistas e incluso a dar conciertos. Su talento fue un poco malentendido y quizás desaprovechado en vida, sin embargo, el tiempo le hizo justicia y nos ha legado esa voz tan particular y ese ambiente de nostalgia y encanto que conforman sus canciones. Fobia a la exposición en público, a ser quizás prejuzgado, a la reacción ya fuera buena o mala de aquellos que esperan su dictamen, su canción, una frase ingeniosa, un testimonio de una anécdota asombrosa. Cuánto nos perderemos por la aprensión de los tímidos, cuánto por la vergüenza.

Los que seguro que no tienen vergüenza alguna son esos cantantes que pronuncian “per-e-de-er” alargando hasta el hastío esa “e” fantasma interconsonántica. Qué desfachatez, por no haber rimado bien, o por inclusión de ritmos de última hora. Yo soy de esas, no de los de la “e” fantasma, sino del mundo de los tímidos. Cuando te hacen definirte a ti mismo con adjetivos calificativos yo sufro un bloqueo eléctrico pavoroso. La mayoría de las veces rebusco en la RAE la acepción o acepciones concretas y todo su mundo de matices verificando que, efectivamente, soy eso o así. Rechazo bastante esa categorización de la persona y solo recurro a ella cuando se me insta a ello, véase, entrevistas de trabajo, encuestas, cuando conoces a alguien por primera vez o para justificar alguna acción (casi siempre negativa) “No te enfades, es que yo soy –completar con adjetivo al gusto-“. Yo seré como Rajoy, retransmitiré al mundo mis cualidades y hobbies en diferido, ya sea por aquí o por allí, o por el otro lado.

Y luego, luego, están los envalentonados, que no digo que flaqueen en talento, ni mucho menos, sino que cuentan con un plus, una vitamina Z que mezclada a su potencial talento, les da palabras para cada conversación, horquillas para cada pelo, velas para cada entierro, consejos no culminados para cada amigo. No es mundo para tímidos. Los tímidos se quedaron atrás en un submundo coqueteando con la idealización de su fantasía. A veces pienso a cuántos poetas, novelistas, músicos, pintores, amantes, amigos nos perdemos por déficit de esa vitamina Z. ¿En qué herbolario la venden?

 

Beatriz Arcos

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