El epiceno y el gineceo

Chiste: Esto es una mujer que habla con otra mujer sobre feminismo, la una se atribuye la categoría, la otra estremece el rostro, recuerda que su marido también pone lavadoras de vez en cuando y no quiere enemistarse con él. 

Existen sobre el movimiento que persigue la igualdad entre el hombre y la mujer algunos interrogantes agridulces que me gustaría poner sobre el tapete para empezar el debate hemisferio derecho VS hemisferio izquierdo de una mujer (woo): ¿Solo las ideologías de izquierdas actuales promueven el feminismo? ¿Por qué no existe unanimidad en este debate sobre la mitad de la población? ¿Por qué la educación no recoge este aspecto en el currículo? ¿Por qué no se ha convertido en un movimiento atractivo para todas y cada una de las mujeres? ¿Por qué sus símbolos nos recuerdan a los viejos símbolos?

Poco a poco va calando la idea del ser humano con libertad de decisión y voluntad alejada del mundo de los instintos del reino animal, separada del dogma religioso y del peso de la tradición, libre de decidir y de construir su identidad con el único obstáculo de su círculo de iguales, sus compañeros de especie. La superación de los roles definidos con el solo objetivo de procrear y perpetuar la especie humana en la Tierra y el statu quo parece estar cada vez más cerca. El sufrimiento de los colectivos y su persecución en distintas regiones promueve la solidaridad y simpatía humana, que no queda impertérrita ante las desgracias. Parece que solo aprendemos a golpe de efecto. Este excurso aparentemente sin relación con el tema que nos ocupa viene al caso cuando quiero explicar que todo fenómeno necesita de tiempo lineal para que acabe consolidándose en la sociedad. Recordemos que en España, las mujeres fueron consideradas en igualdad de derechos para votar solo en 1931. O que en el movimiento comunista primó la liberación de clases sobre la de la mujer del sistema patriarcal, por “considerar la segunda una herencia burguesa”. 

Sea como fuere, necesitamos todos los feminismos. El feminismo actual corre el peligro de cerrarse sobre sí mismo y no perseguir la integración. El movimiento debería abstraerse del eje izquierda-derecha y flotar sobre sí mismo y su propósito. Entiendo que en la actualidad resulta difícil sustraerse de la hegemonía del asociacionismo a los partidos políticos, pero considero que convertir al movimiento en una ola transversal aunaría más esfuerzos y simplificaría las diferencias políticas entre las integrantes (véase la analogía con el partido de Podemos). El feminismo debe ser atractivo para la mujer en primera instancia. La mujer que haya asumido los preceptos del movimiento, que se haya formado académicamente en sus teorías o que por observación, sufrimiento o aprendizaje práctico y que se encuentre en condiciones de hacerlo debería poder explicar al resto la necesidad de ser mujer y feminista como condición sine qua non. Antes que al hombre, es imprescindible explicarlo al resto de las compañeras de esta empresa. Y digo que son necesarios todos los feminismos, porque ninguno sobra. Y el primer y fatal error en el que incurrimos las mujeres (yo incluida) es en demonizar aquellos hechos en los que la exageración desmesurada, adulterada o ficticia según el criterio de cada cual, sean los imperantes, y eso no hace más que dividir, enfrentar y postergar. Hace falta Beyoncé, las Pussy Riots, Clara Campoamor, Frida Khalo, Virginia Wolf, Simone de Beauvoir, las de las tetas al aire, las de la mitad del pelo rapado, las que llevan tacones, las que tienen novio y se quieren casar, las que tienen novia y quieren tener un bebé, las que llevan velo y lo llevan porque es su opción, las que viven en la ciudad y las que viven en el campo. Y conviene recordar que a la Generación Beat sus detractores les llamaban de forma peyorativa Beatniks en un intento de relacionarlos con los malvados rusos comunistas, y a las mujeres ahora las llaman Feminazis, incluso sus propias compañeras. Es necesario asimilar que cada persona hará en la medida de sus posibilidades lo que pueda y quiera, y que toda forma de ayuda a la persecución del objetivo último es legítima.

Por otro lado, ¿cuando se introducirá el feminismo en la escuela? Recuerdo el revuelo que se montó cuando se añadió Educación para la ciudadanía en el currículum educativo. La derecha puso el grito en el cielo alegando que la izquierda se quejaba de la asignatura franquista Formación del espíritu nacional; como si fueran lo mismo. Australia lo hizo hace un par de años y vino acompañado de una polémica exacerbada cuestionando el peligro de enseñar ese movimiento en las aulas, más que preguntando como yo, cuándo llegaría ese momento. La evidente falta de formación e información sobre el tema y su distanciamiento intencionado del currículum escolar crean un halo de rumorología, superstición e infundios sobre el tema que le perjudican gravemente. Sin duda, su institucionalización como materia educativa o contenido en otras materias ayudarían mucho a legitimar el movimiento en una fracción de la sociedad a la que no podemos culpar por no involucrarse en el movimiento, recordemos la metáfora de la caverna de Platón.

Como último apunte, me gustaría recomendar una renovación de símbolos. El ser humano es conservador hasta en esto. Y eso que en algún momento de la historia se inventaron los que usamos ahora por primera vez, pero no me deja de sorprender que se usen símbolos excluyentes que no ayudan en nada a que todas las mujeres se sientan atraídas e incluidas en el fenómeno. Yo personalmente estoy cansada del símbolo de Venus y del cobre usado para la mujer  ♀, del color morado y de la ropa de Desigual o sucedáneos para visibilizar la independencia de la mujer. Pero no lo aborrezco porque sea intolerante, lo aborrezco porque se ha convertido en el atuendo gremial y excluyente en muchas ocasiones y este mira inquisidor a lo diferente de la ecuación. Querría también como mujer sugerir que seamos equidistantes en los juicios que emitimos, me gustaría oír el mismo rechazo contra dos acciones idénticas de Ikea en distintos países: Arabia Saudí e Israel, eliminar a la mujer de sus catálogos.

No nos eliminemos a nosotras mismas de esta tarea por el hecho de pensar en el resto de cosas de forma diferente, basta que en esto estemos unidas.

@Beatriz Arcos

Foto de portada: La verbena de Maruja Mallo, pintora surrealista

 

 

 

 

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