España en negro

Hemos quedado en el comercio en el que trabaja. El escaparate está distribuido por utensilios, en la parte izquierda se encuentran las herramientas más ligeras y manejables, en la derecha las más complejas y pesadas. Son las nueve y media de la noche, las luces de la tienda siguen encendidas, la puerta abierta y la gente no cesa de entrar. Miro hacia un lado y hacia otro buscando el camino por el que vengan tantas personas. Las demás tiendas cerraron hace media hora. Dos hombres se encargan de esta. Uno se encuentra ensimismado haciendo las operaciones en la caja, el otro parece un perro que busca como loco su cola alrededor de toda la tienda, no para de dar vueltas. “Ese batidora cuesta 15 euros”, “Si señora, la tenemos también la nueva inalámbrica, ¿es para regalo?”. Cinco minutos pasados las nueve y media comienzan a desalojar como si de un mega concierto se tratase. Primero lo hacen de manera sigilosa, para no incomodar a los clientes. Después, viendo que aún quedan algunos rezagados, comienzan a apagar la música, las luces y a adoptar pose de salida. “Señora, vamos a cerrar ya. Puede venir mañana domingo por la mañana y por la tarde también, abrimos todo el día”. Tras haber confirmado que mañana podrán proseguir con sus compras navideñas, la mayoría de clientes se marchan satisfechos esperando impacientes retomar la actividad el domingo. Aunque hayan cerrado el pestillo, echado la llave y apagado las luces, la tarea no ha finalizado. Uno de los hombres saca de un pequeño almacén un cubo y una fregona. Después de estrujar con fuerza el palo de la fregona en el agua llena de lejía, comienza a fregar con ahínco el suelo. El otro dependiente se encuentra ya fuera encendiéndose un cigarro y concluyendo su jornada laboral. El señor que estaba fregando ya ha finalizado. Nos reunimos los tres entorno al escaparate, únicamente alumbrados por las resplandecientes luces que parecen dar vida a los utensilios de cocina, los electrodomésticos y aparatos tecnológicos. Hace frío, son las diez menos diez de la noche. Ambos parecen estar cansados. “Bueno, me quedo con esta chica a ver que me pregunta, mañana te cuento”. Así se despiden los compañeros, aquel que unos momentos antes estaba como exhausto dando vueltas por la tienda se queda conmigo mientras que el otro hombre desaparece entre el vaho y la bruma del clima costero en navidad.

Trabajo negro, futuro oscuro 

Por motivos más que obvios, el trabajador que va a dar su testimonio nos ofrece pocos datos sobre el. Nos da su nombre y su edad. Pedro tiene 57 años, lleva trabajando en este establecimiento desde hace dos. “Comencé hace ya un par de años. En un primer momento entré en pruebas, le gusté al dueño y aquí sigo. Pasados unos meses después de que comenzase me hizo un contrato. No estoy muy de acuerdo con él. Entro a trabajar a las nueve de la mañana, salgo a las dos y después de un descanso de dos horas o tres, depende del día, vuelvo a la tienda hasta las nueve y media. En cambio según lo que dice mi contrato, solo trabajo unas tres horas al día. Es muy injusto pero es lo que hay. Si yo renuncio a este trabajo hay cinco personas que lo querrán”.

Según el Consejo Económico y Social de España se entendería como economía sumergida “el conjunto de actividades de producción de bienes y prestación de servicios para el mercado que eluden normas, tanto fiscales como de cualquier otro tipo con contenido económico, entre las que se encuentran las regulaciones laborales, pero también otras, como las referidas al medio ambiente, las normas técnicas, las de seguridad, etc.”. Los últimos datos de la Hacienda Pública muestran que la economía sumergida en España representa alrededor del 20% del PIB. “No siento que mi actividad sea delictiva o ilegal. Yo solo hago mi trabajo para poder vivir. Aunque, a veces, esta forma de trabajo me es contraproducente. Por ejemplo, hace un par de semanas fui al banco, ese de enfrente, para realizar unas operaciones. La señora que me atendió me pidió el contrato, me dijo que era necesario que lo entregase para poder seguir las instrucciones. Yo no tengo mi contrato físico, sé cuantas horas me tiene puestas en él, pero nada más. En ocasiones como estas me gustaría que mi situación laboral estuviese más regularizada”

Para saber más acerca de los convenientes o inconvenientes que se pueden encontrar a la hora de realizar operaciones financieras o de carácter monetario en situaciones como esta, recurrimos al testimonio de una trabajadora del sector financiero, en concreto, trabaja como directora de una oficina principal del Banco Sabadell. En cuanto a las trabas que obstaculizan el ingreso de dinero en un banco, Rosa Fernández, comenta lo siguiente: “Tú puedes ingresar en tu cuenta lo que quieras pero a partir de 1000 se tiene que identificar la procedencia. Debemos saber el origen del dinero con el que vamos a trabajar. Por ejemplo, pedimos la última nómina, la declaración de la renta, el contrato laboral, etc. Estas peticiones el banco las realiza para erradicar el blanqueamiento de dinero”. Hace un par de semanas el Gobierno dio luz verde a una ley a través de la que se limitaba el pago en efectivo a mil euros. “El hecho de que el Estado limite el pago en efectivo hasta mil euros es una iniciativa favorable para erradicar este fenómeno.”

En cuanto a la propia relación laboral entre dueño y trabajador, un abogado especialista en recursos humanos nos comenta varias puntualizaciones sobre este ámbito: “En España en la forma escrita, que haya contrato no es requisito obligatorio. Solo se exige en los temporales o los contratos laborales especiales. La relación laboral queda establecida al realizar trabajos para un tercero. A partir de ahí, se regula por el estatuto de los trabajadores y el convenio colectivo que le aplique (retribución, horario, vacaciones y permisos), además de las normas obligatorias de tipo fiscal, de seguridad social y de seguridad e higiene. En conclusión, por no tener contrato no se está incumpliendo nada, salvo, en los casos que te he dicho, que serían incumplimientos leves administrativos”. A lo largo de la conversación, Pedro no solo comenta el estado de su situación laboral con respecto al contrato, también señaliza algunos puntos muy conflictivos: “Vacaciones como tal no tenemos. Si yo quiero irme unos cuantos días tengo que haber trabajado mucho los meses anteriores ya que los días libres no me los pagan. He llegado a ir a la tienda malo, muy malo. Cuando ha acabado mi jornada me he ido corriendo al hospital”. Según el Estatuto de Trabajadores las vacaciones son periodos remunerados.

“Una de las cosas que más me asusta y preocupa sobre mi situación laboral es el tema de la pensión. Al estar contratado legalmente por unas tres horas a la semana, cotizo muy poco por no decir que ni llego al mínimo. Cuando llegue el momento de jubilarme, no tendré manera de demostrar que he trabajado más de cuatro, cinco y seis horas diarias…Pero repito, si yo dejo el trabajo por las condiciones, otra persona lo cogerá en mi lugar”.

El experto en recursos humanos, enumera las faltas más graves que se pueden cometer con respecto a la situación del trabajador: “Se pueden cometer delitos en los siguientes casos: si con engaño o situación de necesidad se imponen condiciones laborales o de seguridad social que lesionen los derechos reconocidos legalmente, si se trafica de forma ilegal con mano de obra, si se discrimina a algún trabajador por razón de sexo, raza, enfermedad, si no se facilitan los medios de seguridad e higiene legalmente exigibles, si no se respeta el derecho de huelga o libertad sindical. Todos estos hechos pueden ser delitos condenables de seis a cinco años de cárcel. Ventajas de los anteriores comportamientos: creo que ninguna, a lo sumo ahorrarse algo de dinero a corto plazo, que no a lo largo. Desventajas: todas, multas administrativas, desmotivación de los trabajadores, poca productividad, mal ambiente, delitos, falta de cotización para el futuro de las pensiones, etc.”

La economía sumergida como fenómeno estructural 

En el caso de Pedro se puede observar como se vulneran de manera clara sus derechos. En esta balanza de fuerzas existe una parte, la del dueño del establecimiento, que aprovecha la situación de necesidad para explotar los recursos de sus trabajadores. Pero Pedro no se preocupa de manera exclusiva por su situación, también comenta todo el entramado que recubre la articulación del establecimiento. “Reconozco que mi caso no es aislado, hay muchas, muchísimas personas más que se encuentran peor que yo. A veces me gustaría que los clientes que frecuentan la tienda supieran todo lo que se mueve aquí. Las condiciones de seguridad son pésimas, no tenemos extintor porque según el jefe, queda mal”. Pedro forma parte del millón de puestos de trabajo que equivaldrían a la economía sumergida en España, según datos de la EPA. En España el trabajo en negro es una forma laboral extendida y casi institucionalizada y aceptada. No solo en casos como este, una trabajadora de una tienda es frecuente encontrar esta situación laboral. Hay profesiones que están comúnmente ligadas con la economía sumergida. Por ejemplo, el trabajo en el campo, labores como fontanería, pintor, limpiadores, etc. Es notable el caso de los jornaleros, según un reportaje realizado por el periódico El Mundo, en la provincia de Jaén en la recogida de aceituna del año 2013 fueron necesarios 6.753.000 jornales mientras que según comprueban los datos, solo fueron declarados 2.543.000.

En materia de economía sumergida pocos países se encuentran por delante de España. El ranking lo encabeza Bulgaria y Rumanía. A la cola de la lista encontramos países como Suiza, Luxemburgo y Países Bajos. El porcentaje conjunto de economía sumergida de estos tres países no supera al de España, más del 20%.Rosa comenta a qué podría deberse este fenómeno: “¿Que por qué se da la economía sumergida? Porque la picaresca española es así. Llamas a un fontanero y lo normal es que le preguntes ¿me lo haces con factura o sin factura? Y si efectivamente es con factura, lo rechazas porque así tendrás que pagar el IVA. En general a la ciudadanía no le gusta pagar impuestos. Tenemos poca cultura política y democrática sobre este terreno. Creo que no hemos llegado a comprender con claridad la finalidad y los beneficios del pago de impuestos”.

La relación entre los ciclos económicos y esta actividad sumergida está directamente relacionada. Según el análisis de los datos de la OCDE podemos observar cómo en los periodos de crisis económica la actividad laboral y pecuniaria sumergida sufre un repunte. En cambio, en los ciclos de expansión económica este fenómeno disminuye. A pesar de esta relación cíclica, observamos cómo en el caso de España, el porcentaje de economía sumergida, atendiendo a datos de entre 1990 hasta la actualidad, nunca ha bajado del 17%. Conforme se ahonda más en este fenómeno encontramos que en su naturaleza entran más factores en juego. La economía sumergida, además de estar directamente relacionada con los ciclos económicos, se encuentra estrechamente ligada con la corrupción. Los niveles de estos dos fenómenos tienen enormes similitudes. Según un estudio realizado por la Fundación de Estudios Financieros y el Instituto Español de Analistas Financieros, en España hay un 80% de correlación entre la corrupción y la economía sumergida.

“La ilegalidad es la base de la corrupción” comenta Pedro mientras observa de soslayo el escaparate de la tienda que puede verse desde donde está sentado. “Está claro que muchas de las actividades que se llevan a cabo en esta tienda son ilegales, mi situación la primera, pero también encuentro en ellas corrupción. En el momento en que mi jefe determina una situación laboral ficticia para beneficiarse económicamente está corrompiendo tanto su labor como administrador como su propio ser”.

Ilegalidad en el trabajo doméstico 

El sector agrícola, la fontanería, y demás son labores propensas a llevarse a cabo de manera desregularizada. De entre ellas resalta también una con claridad: el trabajo doméstico. Hablamos con Pepe. Este señor de 78 años contrató de manera legal hace tres a Ruth. Desde hacía diez años varias mujeres han pasado por su casa para realizar las labores domésticas pero solo hace tres legalizó la situación de esta trabajadora. “Le di de alta en la seguridad social e hicimos un contrato laboral. Yo hice esto por miedo. Algún día puede ocurrir un susto, que Ruth se caiga limpiando las escaleras y se rompa un brazo o cualquier daño. Por ese motivo le di de alta en la seguridad social, para estar más seguros y que además la mujer pudiese cotizar y tener pensión, como la tengo ahora yo.” Según el informe Schneider, en España más del 15% de las labores domésticas se ejercen de manera sumergida. No fue hasta el año 2012 cuando el trabajo doméstico entro a formar parte del Régimen General de la Seguridad Social. Antes de que se realizara la inclusión, no era requerida de manera obligatoria el establecimiento de un contrato laboral a este trabajador. Este hecho ha supuesto durante mucho tiempo que los trabajadores domésticos hayan carecido de derechos laborales en materia de seguridad, vacaciones, o prestación por desempleo. “No entiendo mucho de leyes y legislación” comenta Pepe, “Lo que si sé a ciencia cierta es que debido a una nueva ley que sacaron hace un par de años me decidí, en parte casi obligado, a realizarle un contrato laboral a Ruth”. Según los datos ofrecidos por la Organización Internacional del Trabajo, España es el país europeo con más empleados del hogar. La cifra hasta 2012 rondaba entorno los 770.00 mil trabajadores, de ellos el 90% son mujeres, con mayor frecuencia latinoamericanas. “Ahora trabajo mucho más segura. Desde que tengo un contrato laboral firme y seguro sé que estoy protegida. Si por algún casual quedase sin trabajo, puedo tener paro, eso es muy bueno para mi”, comenta Ruth mientras terminar de pasar la mopa por el salón. En el mundo laboral y en la sociedad, existen profesiones muy estigmatizadas y señaladas. Dedicarse a las labores domésticas ha sido una profesión que a lo largo de la historia ha pasado desapercibida tanto en convenios, como en sindicatos y negociaciones laborales. El camino para regularizar, adecuar y organiza esta profesión es arduo y largo pero, como señala Ruth, “poco a poco estamos ganando más relevancia y reconocimiento por nuestra labor”.

En ocasiones, la sensación que desprenden tanto Pedro como Ruth es de culpabilidad y resignación. Mencionaba Pedro la disyuntiva sobre si dejar o no su puesto de trabajo. Efectivamente, admite que si renuncia, existen personas dispuestas a pasar por las mismas ilegalidades que ha pasado el. Puede que en parte el problema resida ahí, en el hecho de que el trabajador ha vendido de manera pseudovoluntaria sus propios derechos. Pero esta es una visión muy hostigada sobre el trabajador. Parte de las fuerzas en esta confrontación provienen de la figura del jefe, director o duro que permite y provoca la situación de ilegalidad. Puede que la solución radique en educar y concienciar sobre la capacidad que todos y cada uno tenemos para construir una sociedad más sana y legal.

Por motivos de seguridad e intimidad, la identificación de los testimonios ha sido sustituida por nombres ficticios. En cuanto al resto, todos los datos ofrecidos y las vivencias son reales. 

Reportaje realizado por @CeliaArcos y con la ayuda de @BeatrizArcos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s