My baby just cares for me

“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Jesús de Nazaret nos legó este bombazo intemporal y polivalente que no podría ser más pertinente para el tema que nos ocupa hoy.

Después de la revuelta organizada por la letra de la canción de Maluma “Cuatro babys” -cuya última palabra ya de entrada cuenta con un error gramatical al formar su plural añadiendo -s y no –ies como debería ser, imitando a sus compatriotas latinos Maná con aquello de los “colibrís”- me toca reflexionar, lápiz en mano, sobre el mundo en el que vivo, queriendo escapar de la habitual ristra de lugares comunes que se usan para emitir opiniones personales que no dejan de ser borreguiles y poco originales en contenido y forma.

Tras un sondeo por la web, la radio y las conversaciones vecinales y de parada de autobús, he llegado a varias conclusiones con respecto a la temática machista de algunas “creaciones artística y/o humorísticas” y escribo el anglicismo y/o convencida porque en algunos casos, no sé si el referirnos a algunas canciones como “composiciones artísticas” es un tipo muy pesado de broma cósmica. He concluido que Maluma o Mayumaná, es un termómetro y no un criminal de la sociedad actual, sería a nuestro pueblo como la Real Academia Española lo es a nuestra lengua, no inventa de la nada (aunque en algunos casos se permita esa licencia) sino que retrata algunas conductas que se adivinan en nuestra sociedad. Sin embargo, aunque libre de la culpa de la propiedad intelectual peca de evangelizador de generalidades- al igual que la RAE-, ni todo el mundo dice cocretas , ni espero y deseo, no haya muchos hombres interesados en tener a cuatro babys con las que chingar y cuyo tratamiento a la mujer se reduzca al de la chica mannequin challenge que debe ser un perchero andante de oquedades cerebrales y concavidades delanteras -¿ o estoy pecando yo de ingenuidad?-.

Sea como fuere y sacando a relucir la sarta de disparates “sin ideología” que en su entrevista nos regaló el new gentleman ibérico Jorge Cremades, existe un hecho indiscutible, la relevancia pública de estos señoritos debería ser suficiente como para plantearse la ejemplaridad de sus comentarios, creaciones musicales o humorísticas y tomar en consideración que el público al que ellos mismos se deben y dirigen es eminentemente un público púber y vulnerable que imita conductas. Si Maluma es atractivo para el chico de 16 años que quiere también ser aparente y ligón, el adolescente que no siempre sabe lo que hace o no es capaz de ver la resonancia de sus actos, se vaporizará con Axe, llamará a una chica esperando solo el contacto físico tipo clínex y la tratará como un mero objeto de deseo y posesión.

Dicho esto y, a pesar de los alaridos de críticas que dichos sujetos y comportamientos reciben en las redes sociales, me gustaría mostrar mi amarga sorpresa al observar una pasividad y una connivencia alarmante en nuestra sociedad a pie de calle en lo que a actos del día a día se refiere. Es como un silencio social autoimpuesto o un tamiz de agujeros demasiados grandes por los que dejamos pasar nuestro filtro de injusticias hacia la mujer. En primera instancia y como pincelada final,  se ha de entender que este conflicto no es una lucha de cuatro “feminazis” vestidas como en las mejores épocas de Ágata Ruiz de la Prada y sin sujetador, sino que o nos sentimos partícipes o el sistema del divide y vencerás habrá finalmente aniquilado cualquier derecho de emancipación y libertad si lo único por lo que nos preocupamos es por nuestro destino individual y meritorio.

@Beatriz Arcos

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