Hablemos sobre (una) religión

Una de las reglas básicas de comportamiento social que te explican tus padres, por lo general previa a una comida familiar es la de “no se habla de política ni de religión” acompañadas por la coletilla de que “pueden herir sensibilidades”. Son dos temas tabúes en una conversación que han de evitarse a fin de no acabar como el Rosario de la Aurora, -se han declarado guerras por afrentas menores-. Si bien es cierto que, cuando se trata de dialogar con las personas con las que hemos roto la barrera del pudor y la confianza suelen ser algunos de los temas más recurrentes. Así pues, alentada y advertida por la sapienza de mis progenitores, decidí no escribir sobre religión, ¿pero de política? ¿Cómo no iba a hablar sobre una materia tan decisiva en nuestras vidas sociales e individuales? Para mí era como obviar que la Tierra giraba alrededor del Sol, por lo que decidí que valía la pena arriesgarse a herir sensibilidades -siempre desde el respeto y la crítica sana- y escribir sobre política; para hacerlo sobre religión aún había que esperar.

HABLEMOS SOBRE RELIGIÓN

Dejando a un lado otros elementos que conforman la religión como lo puedan ser la idea de la fe y su profesión, la narrativa religiosa, las instituciones que las articulan y sus dogmas que no vamos a entrar a debatir, me centraré en una idea más abstracta y a mi parecer, bastante compleja. Para ilustrarlo recurriré al grito de guerra de Los Mosqueteros: “Todos para uno y uno para todos”, -aunque ahora que lo pienso/leo creo que se acerca mucho pero no ayuda a que se comprenda mi idea en su totalidad-.

Probaré de nuevo: Formar parte del todo y formar el todo en una parte. Ahora sí, que además está libre de derechos de autor. Formar parte del todo podría equivaler a la anulación del individualismo característico -al menos físicamente- de una persona para fundirse con el todo, esto es, deberse a una misión de mayor relieve que uno mismo. Ejemplos hay miles y, además no solo es exclusivo de la religión. Aún más, se puede encontrar manifestado de muchas formas. Aunque a priori podemos pensar que están en su perfecto derecho al ejercer su libertad de decidir sobre su vida, sería prudente no caer en relativismos intencionados e ir más allá. La anulación del individuo es la carencia de reflexión, de crítica y de voluntad y por el contrario, el exceso de obediencia, sumisión y alienación. Para conferir a estos términos un espejo en el que poder identificarse usaremos un ejemplo – tomad el que mejor os convenga, yo propondré uno-.

Cualquier idea inoculada puede ser más peligrosa que la bomba más destructiva. Y si esta idea se denomina dogma y no puede ser confrontada ni superada intelectualmente ahí es donde tenemos el auténtico cóctel de la destrucción. Los judíos ultraortodoxos, esos cuyo atuendo es negro y blanco, coronado con un sombrero y unos tirabuzones a los lados de la cabeza, que no pueden utilizar aparatos electrónicos, ni mezclar tejidos en sus ropas y viven como lo hicieran sus antepasados en el siglo XVIII rechazan la idea misma de democracia porque choca con sus ideales religiosos. Al margen de que podamos respetar sus costumbres existen ciertos límites que impiden la convivencia con otras manifestaciones diferentes. Su rutina está plagada de férreas normas que no se pueden violar o serás considerado un infiel o un hereje. A la mujer no se le puede mirar a la cara, a no ser que sea la tuya propia o de tu familia. No puede enseñar el pelo, pero no lleva velo, sino peluca. El hombre no puede trabajar, solo se dedica al estudio de la Torá y ejerce como guía espiritual de la mujer. Los miembros de la comunidad deben lealtad y sumisión a su mentor o rabino, al que preguntarán sobre cualquier aspecto de la vida. Si quisieran sacarse el carnet de conducir  o comprarse un smartphone solo lo podrían hacer si su rabino, ente cohesionador de su sociedad y guardián de la tradición les da permiso, sin poder cuestionar la naturaleza de su decisión. Y en un ámbito social de mayor alcance, su posición política como muleta del gobierno actual de Netanyahu les ha conferido poderes sobre todo en lo relativo a la religión, dictaminando en tribunales religiosos si una persona puede separarse de otra -casi siempre la mujer sale perdiendo en esta contienda a pesar de que la injusticia sea llamativa-. Por no hablar de las normas que conciernen a la parálisis social de los sábados; en Jerusalén está prohibido por ley que los comerciantes puedan abrir sus establecimientos y ellos se encargan armados con una especie de prototrompeta de vociferar que el cierre de los locales los viernes por la tarde (previo al sabbat) debe ser inminente.

¿Cuándo una religión pasa de ser un estilo de vida para convertirse en una máquina de enemistad? En la democracia tiene cabida la religión, siempre que esta fomente la tolerancia y el respeto entre las distintas comunidades que la conformen ya sean laicas o devotas, pero en este sistema de creencias la democracia no encuentra su lugar. Perpetuar unos códigos de conducta en el tiempo no tiene porqué realizarse mediante el hieratismo o la falta de diálogo. Ni aún menos cuando lo que se pretende es evangelizar a todos tus vecinos por medio de coacciones. Formar parte del todo significa por lo tanto, levantar las manos en una montaña rusa, cerrar los ojos y dejar que la velocidad sea la que te deforme las facciones, creyendo que no hay nada que puedas hacer contra sus efectos y que tú y la velocidad, la montaña rusa y el viento, las manos levantadas, sois un todo, un algo que se tejió y tuvo un inicio y tendrá un final en el que el libre albedrío es solo una quimera de mentes ignorantes e infieles. Y tu vecino de asiento deberá hacer lo propio o …

Negar al individuo de esa forma es también negar la existencia del alter, del otro, del diferente, suscitar la intolerancia y el racismo, porque no se acepta la divergencia ni la diversidad de opinión ni de formas de obrar o costumbres. Puesto que hay una, y solo una manera de ver la vida. Deberse a un todo inefable puede ser cómodo, quizás hasta que un día los tornillos de la montaña rusa estén un poco sueltos y te provoquen una ruptura del cúbito y, en ese momento, aunque creas que todo estaba pensado para que te rompieras el brazo, tal vez ese día pienses en comprar otro tíquet y montarte en la noria, o simplemente dar un paseo por el parque.

Para finalizar quiero recuperar la idea antagónica con la que describía al germen de este artículo: formar el todo en una parte. ¿Qué querrá decir eso?  Es pues, bajar la religión a la Tierra, a cada individuo y que cada uno de nosotros, aún siendo conscientes de que elegimos acatar una rectitud moral, unas directrices sociales y una cosmovisión eminentemente, hemos escogido también priorizar la armonía y el equilibrio de la hermandad sobre el delirio inhumano de una misión autoexhortada y entintada por otros hombres como nosotros. Así que, contradigamos a todos nuestros padres, porque es necesario que hablemos de religión.

*En la foto observamos al grupo ultraortodoxo Neturei Karta sosteniendo una bandera propalestina dado que ellos creen que el legítimo habitante de la zona debe ser Palestina.

@Beatriz Arcos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s