Machismo rural y Lorca

Cuando comencé a escribir este artículo no quería que mis palabras cayesen en la vulgaridad y en la trampa de los prejuicios típicos. Al estar las dos obras que voy a utilizar como ejemplo, ambas de Federico García Lorca, La Casa de Bernarda Alba y Bodas de sangre, ambientadas en pueblos era una tarea difícil no acabar justificando todo el quid de la cuestión en la simplicidad del “es la vida de pueblo”. En las familias de los dos libros el poeta granadino hace una fiel y profunda radiografía sobre la cultura e idiosincrasia de la Andalucía más profunda de los años treinta y cuarenta.

Ambas obras son una maravilla de la literatura, un ejemplo extraordinario de la prosa versátil y combativa de Lorca. Pero el análisis no se queda sólo en la calidad de la forma, sino en la profundidad del contenido. Tanto en Bodas de sangre como en La casa de Bernarda Alba, Lorca nos muestra con todo tipo de detalle los entresijos mentales que en aquella época imperaba en todas las casas. La pasión y el dolor, la sociedad tradicional y costumbrista residente en personas mayores frente al ímpetu de libertad y el ardor de sublevación de los personajes más jóvenes.

En Bodas de Sangre podemos encontrar como impera la fidelidad, el matrimonio como símbolo de eterna unión y conveniencia. Vemos en la figura de La madre el más primitivo machismo, una mujer completamente sublevaba a la imagen del hombre, la mujer que vive por y para su marido.

La madre: ¿Tú sabes lo que es casarse criatura?

Un hombre, unos hijos

y una pared de dos varas

de ancha para todo los demás.

La madre simboliza la tradición más arraigada, la más común en este tipo de núcleos urbanos. Ni la muerte de su hijo, ni el perdón de la novia son capaces de hacer ver a esta mujer el sinsentido de luchar por lo preestablecido y la costumbre.

Según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ el 72% de las mujeres asesinadas por su pareja viven en poblaciones con menos de 100.000 habitantes. Este dato es un indicador de la cultura general de estas localidades. Pueblos en los que podemos ver el machismo implantado en la sociedad como modelo estándar de vida. La regla común es que las mujeres en estos contextos desempeñen trabajos según el Instituto de la mujer con inclinación a ocuparse de las demás personas como maestra, comadrona, asistenta social, también oficios en los que prime la destreza y experiencia en el trabajo del hogar por ejemplo como sirvienta, limpiadora, ama de casa o modista. En cambio, encontramos que en estos puntos de la geografía es menos habitual ver a una mujer desempeñando un cargo en el que tenga que evaluar el trabajo ajeno, o aquel en el que se utilice la fuerza física y también donde se necesite una alta disposición para viajar y tener movilidad.

Bernarda: (Arrojando el abanico al suelo) ¿Es éste el abanico que se da a una viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.

Martirio: Tome usted el mío.

Bernarda: ¿Y tú?

Martirio: Yo no tengo calor.

Bernarda: Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas.

Las protagonistas de las dos obras de Lorca ven su enajenación nacida de la idiosincrasia del entorno rural. El qué dirán, qué pensarán, quién me conoce o quién nos verá son algunas de las preguntas más frecuentes que se hace La novia en Bodas de sangre. Al vivir en un entorno más cerrado las probabilidades de conocer a una mayor población se disipan. Esto crea una alarma personal que hace tener siempre muy presente los prejuicios y el cómo se verá la imagen de uno frente al resto. La novia ha vivido toda su juventud enamorada de Leonardo y este acaba casándose con su prima -aquí podemos ver cómo los parentescos acaban cerrando más los círculos-. De esta manera, la novia contrae matrimonio básicamente por pura conveniencia para unificar las tierras. No existe el divorcio, ni la posibilidad de que una mujer conviva consigo misma, de manera autónoma y sin necesidad de tener compromiso alguno. Por otro lado, en La casa de Bernarda Alba nos encontramos con el máximo exponente de la figura de mujer sumisa, leal y fiel hasta en la muerte. Bernarda Alba, la madre que no se desprende del luto, ni abre las ventanas al aire y la luz, al nuevo día. La madre que vive por y para respetar la imagen de su difunto marido.

Podríamos pensar que esto no es más que el argumento de una maravillosa obra de los años cuarenta de una España tradicional y atrasada. Pero no. Nos encontramos en el siglo XXI, conviviendo diariamente con casos de violencia machista que no sólo se articulan mediante la fuerza física, sino en todos los ámbitos de la vida social.

La diputación de Bizkaia realizó en 2012 de la mano de la Asociación Pro Derechos Humanos de Argituz un estudio sobre los recursos públicos de atención y protección frente a la violencia machista que existe en el entorno rural del territorio. Algunas de las conclusiones más destacables son la distancia con respecto a los recursos, es decir, en poblaciones con un pequeño número de habitantes es más probable que no haya un centro o la atención necesaria para acudir en caso de violencia machista, de esta manera hay una necesidad de desplazarse hasta un centro urbano más poblado. Y teniendo en cuenta este aspecto, uno de los inconvenientes que se encuentran en el supuesto de que efectivamente existiese un centro de ayuda para estas mujeres, es el aumento de la probabilidad de que algún conocido pueda trabajar directa o indirectamente en el centro. Al ser poblaciones pequeñas el porcentaje se eleva. Así como también las vidas son mucho más públicas, el núcleo urbano más pequeño, cualquier ciudadano puede saber a dónde vas o de dónde vienes.

Testimonio de una de las mujeres participantes en el estudio:

“(…) otra gente que, como me he separado, me ha dejado hasta de hablar; y me ha sorprendido mucho la gente, gente que pensé que me iba a apoyar, me ha dejado, porque claro, mi ex marido es maravilloso… (…) Claro, yo me he sentido muy mal, y una terapia es, que yo me tenía que sentir… bien, guapa…y era: levántate, dúchate maquíllate y ponte un tacón y vete al colegio…Claro, vas al colegio a llevar a la niña maquillada y, bueno, ¡pero ésta, si estaba llorando hace cuatro días y ahora…! Gusta más a la gente el que estés llorando. Pero ya cuando dije ¡se acabó!, me arreglé, pues… Pues la gente, ‘mira esta zorra’ y comentarios, pues me da igual, me da igual. Y me ha hecho… para decir es que esta gente no merece la pena”.

Otro de los apuntes que destaca el estudio y que tienen mucho peso a la hora de denunciar la violencia machista es el sentimiento de vergüenza y la sensación de soledad. En las poblaciones rurales hay una conciencia patriarcal en la que la mujer queda totalmente sublevada a la imagen y figura del marido. No hablamos de hombre, sino marido, porque en estos entornos la vida se configura a partir de las relaciones afectivas y si materializa en el matrimonio, en la santa unión. Al igual que la novia de Bodas de Sangre no se podía permitir el vivir una vida autónoma y sin pareja, viéndose así lanzada al matrimonio por presión, una mujer en un entorno rural vive por y para el marido. De este modo, reconocer que la vida de pareja se ha difuminado y no funciona correctamente crea que la culpa recaiga en el papel de la mujer.

Desde un “si te separas de tu marido, no te vuelvo a mirar”, a un “por qué la dejas que se maquille”, pasando por “es una desgraciada, no tiene pareja”. Estas son algunas de las sentencias que he escuchado en primera persona, efectivamente en núcleos rurales. Es muy difícil atajar este problema y cortarlo de raíz cuando son las propias mujeres aquellas que se autocensuran y se ponen trabas a la hora de crecer contracorriente y romper con estas barreras culturales tradicionalistas y patriarcales. Si la juventud convive en un entorno respirando e interiorizando que el papel de la mujer debe ser el de mantener el orden, el cuidado y preocuparse exclusivamente por la estabilidad de su matrimonio, es una tarea muy complicada el enseñar a estos jóvenes desde la igualdad y el feminismo.

La novia – “Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad.”

Entonces, ¿deben quedar obsoletos los pueblos?, ¿son estas poblaciones los gérmenes del machismo? En absoluto. Aunque en estos puntos se concentre una mayor tasa de violencia machista, no son ni mucho menos el embrión del machismo, ni debemos tampoco despoblarlos y asolar estas localidades. La vida rural es tan digna y respetable como la urbana. Debemos entonces trabajar desde la educación para combatir la extensión del pensamiento machista ya que en personas mayores con una ideología muy arraigada es complicado hacerles entender la esencia del feminismo y de la igualdad de género.

La novia – ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera,y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos.”

@Celia Arcos

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