Libertad y fe

Papa Francisco: “He sido aficionado a autores muy diferentes entre sí. Amo muchísimo a Dostoievski y Hölderlin. Me gusta recordar aquella poesía tan bella para el cumpleaños de su abuela, que me ha hecho tanto bien espiritual…”

Dostoievski, Los hermanos Karamazov: ‘La gente se alegra de verse conducida como un rebaño”, le dice el Inquisidor a Jesús. “La gente se alegra de que les hayamos quitado encima ese don, la libertad, que tantos tormentos ha acarreado. ¿Sabes por qué hemos hecho eso? Por amor a la humanidad. La hemos visto tan flaca y desvalida, que hemos decidido aligerar su carga. Sin Ti (Jesucristo)” … “Pues si ha habido alguien que ha merecido nuestra hoguera más que nadie, eres tú. Mañana te quemaré. Dixi”.’


Podemos afirmar con casi total seguridad que la confidencia del Papa Francisco sobre su idolatría por el escritor Fiodor Dostoievski no habría sido de mucho agrado para este. Durante el relato El gran inquisidor, en Los Hermanos Karamazov,  Fiodor esgrime con delicadeza y sin tapujos la cristiandad y la fe de sus seguidores.

Aparece en Sevilla, durante la Inquisición, la imagen de alguien que se hace nombrar como el hijo de Dios, ante esta aparición la representación eclesiástica responde con dureza confirmando que si en efecto es el hijo de Dios deberá pues, al día siguiente ser asesinado. Además, asegura el inquisidor que si se llegase a consumar la muerte del hombre advenido, la población aclamaría su ejecución siguiendo así las normas y la voluntad de la Iglesia. Con este relato, Dostoievski se posiciona en contra de la jerarquía y de la organización secular de la Iglesia romana y tradicional pero no contra la fe religiosa.

La existencia o no de Dios ha acaparado las mentes de muchos ideólogos durante toda la historia de la humanidad. Desde aquellos que defienden con fervor la existencia de Dios a aquellos que repelen por completo el que podamos hallar un ser a la vez bondadoso y omnipotente que nos haya creado a su imagen y semejanza. Puede que para muchos sea la fe una característica intrínseca que pueda encontrarse en las personas y otros que entienden la esencia religiosa como un don que se adquiere de manera paulatina y mediante el conocimiento. El debate religioso es a la par complejo y extenso. Teniendo en cuenta las circunstancias actuales es más que comprensible que muchas personas se estén planteando sus creencias religiosas.

Imaginémonos a un niño de mediana edad, en periodo de comenzar sus lecciones religiosas para celebrar así su comunión. En el momento en que a ese niño se le intente explicar que Dios es todo bondad y que quiere el bien para él y para todos sus hermanos y compañeros, será para el niño muy difícil comprender tal premisa siendo testigo como es, día tras día, de todos los males que acontecen y asolan el mundo actual. “Si Dios es bueno, ¿por qué deja entonces que mueran niños en el mar?” Le preguntará el niño a su catequista.

“¿No es acaso una lucha la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus días como los duros días del jornalero? Como el siervo, el hombre suspira por la sombra. Como el jornalero, suspira por el reposo. Durante meses he padecido calamidades y he recibido por toda recompensa noches de sufrimiento. Al acostarme me pregunto cuándo me levantaré, pero larga es la noche. Así permanezco, repleto de inquietud, hasta el alba. Mi carne está cubierta por gusanos y costras, está mi piel hendida y abominable. Mis días pasaron con la rapidez del tirador de una máquina de tejer y murieron sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no volverán a ver el bien. […] Abomino de mi vida. No he de vivir por siempre, así que déjame, pues resultaron mis días completamente vanos. ¿Qué es el hombre para que Tú lo engrandezcas, para que deposites en él tu corazón, para que lo visites todas las mañanas y en todo momento lo pongas a prueba? ¿Cuándo apartarás de mí Tu mirada? ¿Hasta cuándo no me dejarás tranquilo, no me dejarás de vigilar ni aun cuando trago saliva? Si he pecado, ¿qué puedo hacer por Ti, oh, Guardián de los hombres? ¿Por qué me usas como diana hasta convertirme en una pesada carga para mí mismo? ¿Por qué no apagas mi rebelión y perdonas mi iniquidad? Ahora dormiré en el polvo; si me buscares mañana, ya no existiré” (Libro de Job, Antiguo Testamento)

Se abre así la veda a un infinito debate sobre la existencia del mal relacionada con la existencia de Dios. En Los hermanos Karamazov, Dostoievski realiza una radiografía del bien y del mal, el pecado y la bondad. Usa también la parábola de un niño, infante y sin pecado alguno, para ejemplificar la palabra y el legado de Dios y su fe. En este caso, el autor ruso se inclina por una teoría que otros antes ya defendieron, la noción del libre albedrío.  A la hora de comprender cuestiones tan abstractas y filosóficas como la existencia de Dios, es preferible que cada uno realice sus propias interpretaciones sobre la manera en que se articula y se pone de manifiesto Dios, por lo tanto, no entraremos a juzgar cuestiones sobre si Dios es inmortal, humano y terrestre, bondadoso u omnipotente, únicamente entenderemos Dios como ser.

En los hermanos Karamazov, Dostoievski expone a sus lectores su comprensión de la religión. El autor ruso aboga por una fe basada en la idea del libre albedrío. El máximo exponente de toda religión sería pues el ejercicio a ultranza de la libertad. Para Dostoievski, Dios da la posibilidad de la abnegación o de la rebelión contra la fe, la religión primitiva habría ofrecido a los hombres y mujeres la opción de no creer. Y es en ese punto, en la refutación de la existencia de Dios donde los hombres comienzan a ejercer como sus propios herejes.

‘Mirad a los laicos y todo lo que se exalta como superior ante el pueblo creyente: ¿no han quedado desfiguradas, en este mundo, la imagen de Dios y su verdad? Ellos tienen la ciencia, más en la ciencia sólo se encuentra lo que está confirmado por los sentidos. En cuanto al mundo espiritual, la mitad superior del ser humano, se rechaza en redondo, se destierra con cierta solemnidad, hasta con odio. El mundo ha proclamado la libertad, sobre todo en estos últimos tiempos, ¿y qué vemos en esta libertad suya? ¡Nada más que esclavitud y el suicidio! El mundo dice: “Tienes necesidades; dale, pues, satisfacción, tienes los mismo derechos que las personas más nobles y ricas. No temas darles satisfacción, al contrario, hazlas aún mayores”, tal es la doctrina actual en el mundo. En eso ven la libertad. ¿Y qué resulta de este derecho a aumentar las necesidades? Por parte de los ricos la soledad y el suicidio espiritual; por parte de los pobres, la envidia y el asesinato, pues en el derecho de satisfacer las necesidades se lo han dado, más sin indicarle todavía con qué medios (…) Entiendo la libertad como un aumento y una pronta satisfacción de las necesidades, deforman su propia naturaleza, pues engendran en sí mismos muchos deseos carentes de sentido y estúpidos, costumbres y quimeras insensatas.’

Al escoger la inexistencia de Dios, ofrecida por este dentro de una libertad infinita, es aquello que propicia a los hombres a adentrarse en el pecado mortal, en la  insurrección de todo lo irracional y el mal, de los hechos sin consecuencias. No debemos confundir entonces, el mal y el pecado ya que no comparten similitudes ni son consecuencia una de la otra.

En el anterior fragmento de El gran inquisidor – Libro quinto de Los hermanos K.- habla Dostoievski de los hombres de ciencia, de los ricos y los pobres. Fue en el año 1879 cuando el autor ruso redactó estas ideas y es aún hoy en día cuando las podemos poner en práctica. En un momento histórico marcado por la falta de valores y la sublevación de los principios irracionales frente a la humanidad y la fraternidad, podemos ver ejemplificado el pensamiento del autor del siglo XIX.

Comienza el fragmento mencionando a los hombres de ciencia, hombres que según él han escogido la libertad ofrecida por Dios en contra de la fe. Esta libertad es criticada ya que le acompaña un extenso vacío moral. Entenderíamos pues, esta descripción como una crítica al Occidente tanto del siglo XIX como el actual, una sociedad marcada por el libertinaje, la apatía y la falta de fe no cristiana, sino humanista. Pero encontramos también en el otro extremo un juicio a aquellos creyentes cegados y obstruidos por la adulterada fe impuesta por la organización eclesiástica. De estos últimos dice “…Por parte de los pobres, la envidia y el asesinato, pues en el derecho de satisfacer las necesidades se lo han dado, más sin indicarle todavía con qué medios”. Esa clase y quehacer de la fe como un instrumento de poder y adoctrinamiento es puesto en ejercicio en la actualidad por aquellos grupos extremistas que utilizan como excusa un pretexto religioso para aniquilar así la fe y la libertad.

Nos situamos así con dos prácticas de la fe mal obradas. ¿Dónde encontramos entonces la libertad que nos ha ofrecido supuestamente Dios según Dostoievski y su ejercicio bien obrado? En mi opinión personal, la fe que Dostoievski comparte es la que demuestra en la persona del monje Zosima cuando este hace un ferviente alegato en contra de la servidumbre y a favor de la libertad. No debe existir entonces ningún tipo de sumisión ni persona-persona, ni iglesia-persona. El monje se declara automáticamente en contra de la jerarquía eclesiástica y de todo dogma que sea impuesto de manera imperiosa. Por otro lado, dentro de la libertad que ofrece Dios, el starest escoge convivir en una libertad armoniosa y justa, no bajo el libertinaje de la falta de valores.

“(…) el hombre inventó a Dios. Pero no es eso lo extraño, ni tampoco es prodigioso que Dios existiera realmente; lo extraño es que semejante idea haya podido surgir en el cerebro de un animal tan feroz y maligno como el hombre ya que es una idea tan sagrada, tan conmovedora, tan profundamente sabia y que tanto honra al hombre”.

Puede que durante la lectura de este artículo algunas personas hayan negado su veracidad y valor por completo al encontrarse en un primer momento con la supuesta aceptación de la existencia de Dios y su continua aparición en las anteriores ideas. Y puede también que haya creyentes que detesten y aborrezcan estas reflexiones ya que se posicionan más bien en contra de una fe materializada y jerarquizada en una institución. Algunos lo llamarán Dios, otros Karma o destino. Habrá aquellos que no tengan un término para mencionarlo o que directamente no hayan dedicado ni un segundo de su existencia en preguntarse acerca del sentido de las cosas. Puede que escribir sobre ello haga de la idea esencial un espejismo de las palabras que intentan explicarlo, pero aquello que he corroborado que resulta práctico y veraz para comprobar la fe de uno mismo y las creencias propias es, sin duda, la libertad de un alma sin ataduras a nomenclaturas y palabras encriptadas en libros sacros.

Uno de los principales protagonistas de Los hermanos Karamazov, el más pequeño, deja el sacerdocio y abandona el monasterio en el que residía para vivir su verdadera fe. Puede que sea esa la solución, abandonar todos y cada uno de los espacios que nos encasillan y que limitan nuestra mira y la libertad.

“¡Si no creyera en la vida, si hubiera perdido la confianza en la mujer amada, perdido la fe en el orden establecido, incluso si hubiera llegado a la convicción de que, por el contrario, todo no es más que un caos desordenado, maldito y tal vez diabólico, si fuera golpeado por todos los horrores de la decepción humana, aún entonces no sentiría menos ganas de vivir y puesto que me he llevado esa copa a los labios, no la abandonaré hasta haberla vaciado”.

@Celia Arcos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s