Cuadernos de verano: La espiral

Acoso a inmigrantes en Reino Unido tras el (pírrico) triunfo del Brexit. Escritor y asalariado periodista profiriendo, desde la tribuna de uno de los diarios nacionales de mayor tirada, comentarios para los que la palabra ‘homofobia’ queda ya no pequeña, sino reducida a una indecente mota. Matanza en Occidente hacia colectivos homosexuales.

Pintadas de ‘rojos al paredón’ en la sede del PCM. Ministro del Interior afinando con un organismo público filtraciones para destruir a adversarios políticos. Intentos de prerrogativas amparadas en libertad de expresión para emitir incitaciones al odio. Candidatos a presidir un país mintiendo flagrantemente a sabiendas de que las consecuencias siempre serán más beneficiosas que perjudiciales. Alusiones a regímenes socialistas latinoamericanos para criticar el comunismo de un partido socialdemócrata.

La política como hinchadas de fútbol. La crisis como crisol ya no de xenofobia, racismo e intolerancia, sino como autorización pública para exhibirlos y enorgullecerse. La derecha machista y la izquierda algo menos pero de forma más hiriente. La repetición de elecciones como excusa para rezumar clasismo cultural.

El silogismo de que quien no tiene estudios es culpable de su precaria situación. La preocupación únicamente por los jóvenes españoles que forman parte de la fuga de cerebros. El complejo de superioridad del que no ve la tele. La universidad cada vez más pública y más elitista.

La equiparación de extremos como intento de demostración de sensatez sociopolítica. La conciencia de clase como concepto casi decimonónico. La destrucción de los obreros. La demonización del movimiento sindical por corruptelas de cambiapieles.

El egoísmo como respuesta unívoca ante los malos vientos. La perenne condena de los cínicos, siempre dos pasos por delante. El odio como sentimiento de moda. El estupor al ver cómo el odio ideológico inunda de sangre la esfera social.

Los análisis búsquenlos en los expertos. Las crónicas léanlas en los periódicos. Esto es una espiral de impotencia, de frustración, de rabia, de esperanza amordazada y sangrando en el rincón de ese sótano recurrente de películas de miedo donde siempre titila una bombilla que se apaga en el peor momento. No apaguen la luz todavía.

@Carlos Iglesias

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