No nos quieras tanto y quiérenos mejor

“Las mujeres primero” para que les podamos observar mejor el trasero mientras caminan por delante de nosotros. Para sujetarles la puerta y así de paso afianzar nuestra postura de macho alfa, de caballero todopoderoso, de truhán, de Julio Iglesias. Las mujeres primero y los niños después, porque son los más débiles, el sexo más indefenso y no porque lo digamos nosotros sino por su constitución genética, además, tienen que seguir conservando la especie. Porque eso es lo único para lo que sirven su fin biológico y ancestral, parir y amamantar.

Pero no…”Las mujeres primero” no ha sido una frase dicha entre dientes por un señor engominado o por un joven niño que deja pasar a su amiga o hermana antes que él. Este ha sido el lema con el que la cadena de televisión Antena 3 decidió nombrar al debate que tuvo lugar entre cuatro políticas españolas el nueve de junio.

Más allá de la situación política en la que se encuentran estas mujeres, es decir, ninguna presenta su candidatura para ser presidenta del gobierno, ni lo ha sido e incluso alguna ni aparece en las listas de su partido, ¿qué sentido tiene hacer este debate? Para responder a esta pregunta no hay que buscar mucho en nuestras inservibles cabezas. El ser humano es un animal demasiado básico. Ver en un plató de televisión a cuatro mujeres discutiendo y más si es sobre política atrae un morbo descomunal. Lo triste y paradójico de la situación es que queramos mostrar con naturalidad un debate femenino mientras que utilizamos como lema “Las mujeres primero”. No enfatices en que somos mujeres, no trates el hecho de ser mujer como un recurso mercantil. Antena 3 se jacta de su supuesto progresismo e igualdad al montar un debate para mujeres, pero lo único que demuestra con un programa de tales características es que todavía se nos hace extraño ver a mujeres de pie, con la cabeza alta, hablando, debatiendo y ganándole los sillones a los hombres.

¿De qué sirve que se hagan debates políticos con cuatro mujeres si luego los verdaderos candidatos presidenciables no tienen ni un mísero segundo para destinarlo al tema de la violencia machista?

Así es, cuatro días más tarde pudimos contemplar con muchísima más expectación a los verdaderos candidatos al gobierno de España. El debate comenzó muy monótono y arduo. Una amalgama de cifras y dato vociferadas por el plató. Monólogos a punta pala, ni un tono más alto que otro para no asustar a la audiencia. Llegó un momento en el que en uno de los bloques debían tratar el tema de la violencia machista. Los presentadores Ana Blanco, Vicente Vallés y Pedro Piqueras repitieron reiteradamente a los candidatos que debían administrar bien el tiempo del que disponían para poder tratar el tema. ¿Qué ocurrió? Dos de los cuatro candidatos no pudieron ni hacer mención por falta de tiempo a la violencia machista. En cuanto a los otros dos restantes, esbozaron de manera muy tímida alguna que otra frase precocinada por sus jefes de prensa y le dieron un toque más solemne utilizando una mirada más compasiva y un tono de voz más calmado.

Mientras que en otras partes del mundo actrices de renombre como Julia Roberts recorre la alfombra de Cannes sin zapatos en forma de protesta por un caso de sexismo laboral. En España, con un 2015 que ha acabado con 57 mujeres asesinadas ningún representante público ni personalidad es capaz de dedicarle más de unos segundos en un debate que está viendo más de media población.

La televisión irradiaba un color más luminoso de lo normal. Esa misma mañana se había acordado de que hoy ponían el debate de los candidatos a la presidencia del gobierno. “Lo voy a ver con él, para que cuando mencionen ese tema se le caiga la cara de vergüenza. Para que cuando abajo, en la esquina izquierda aparezca el 016 él mire con miedo el teléfono. Para que le invada una angustia terrible, esa angustia, miedo y dolor que él me ha hecho pasar durante toda mi vida. Y a lo mejor tiene las agallas de mirarme de soslayo y ver cómo por un segundo puedo sonreír tranquila porque sé que sea quién sea aquel que llegue a gobernar de España, se preocupa por mí”. Han repetido los moderadores varias veces el tema de la violencia machista y ninguno ha comenzado todavía a abordarlo. Se está cansando. Él le está ganando el sofá, está ganando espacio, se está haciendo con la casa, con su casa, con su vida. Siente que aquello que sufre diariamente es, para los que están en la tele, un mal menor porque no dicen nada. “Pero si tiene un techo bajo el que dormir, no le falta comida como a los venezolanos, no le robo como Bárcenas al PP… no entiendo porqué se queja” Y así acaba su noche, como acabaron todas las anteriores pero esta vez con menos esperanza aún.

La luz de la televisión se ha apagado, y con ella toda confianza puesta en unos hombres de los que esperaba más hombría, más humanidad. Ellos vuelven a sus coches oficiales, a sus gloriosas e ilustres sedes en donde les esperan un séquito de seguidores gritando “¡Presidente, Presidente!”. Ella vuelve a agachar su fatigada cabeza, la hunde en la almohada como aquel que se hunde en el agua, esperando que todos sus pensamientos, todo el dolor que sufre se diluya con las gotas del mar y zarpen lejos. Pero no es así, abre sus ojos y al lado tiene a su asesino, aquel que la maltrata, la veja, la denigra… Ellos dan media vuelta a la cabeza y hunden toda su hipocresía, manipulación y vergüenza bajo los gritos de la muchedumbre que aclaman su poder.

Otro debate más inservible, otro monólogo más de cuatro monigotes que han desperdiciado la oportunidad de entrar en las casas de los maltratadores y avergonzarlos. Y ¿por qué? Porque es más fácil agotar los segundos y los recursos hablando del tesorero del Partido Popular, o de la financiación venezolana de Podemos, de los Ere o los casos de las listas de Ciudadanos.

¿De qué sirven las banderas negras, los minutos de silencio y los lazos en las chaquetas si cuando tienen la oportunidad de tratar el tema unidos, con contundencia y firmeza no lo hacen? No queremos debates sólo para mujeres si luego no abordáis las cuestiones que nos conciernen.

Aquello que me resulta aún más impactante y preocupante es que hayan dejado pasar la oportunidad de tratar un tema que preocupa tanto a la población como la violencia machista, en plena campaña electoral, en pleno debate televisado y visionado por media población para echarse los trastos encima, para hablar de la tan mascada y mediatizada corrupción.

Si en el momento en el que sus propuestas andan con pies de barro, en el momento en el que pueden fantasear todo aquello que quieran porque aún no han llegado al poder, no han fantaseado con la idea de una sociedad igualitaria y en la que no haya lugar para cualquier tipo de violencia machista… ¿qué harán cuando tengan que gobernar? ¿han desistido? ¿se han resignado a caminar hacia la la igualdad?

Un último apunte, ¿qué pasaría si a día de hoy ETA o el Daesh hubiese matado en un año en España a 57 mujeres?, ¿no se condenarían más esas muertes únicamente por la mano que asesina?, ¿no habrían utilizado esa baza reiteradamente durante el debate para atacarse los unos a los otros? No olvidemos nunca que el machismo también es una forma de terrorismo y si lo encubrimos, todos somos cómplices.

(Cuadro de portada Sunlight in cafeteria de Edward Hopper)

@Celia Arcos

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