El mal de la templanza

Iban en asientos de dos en dos. A ella le tocó con el señor parlanchín. Las otras dos amigas tuvieron la suerte de caer juntas. Seis horas, de Madrid a Sevilla. Cuando los molinos ya cubrían todo el paisaje, las bocas estaban secas. Fue a partir de este momento del trayecto cuando el señor parlanchín se ganó su apodo. Comenzó a contar su vida y obra. Jubilado, viajaba para encontrarse con su grupo del IMSERSO en Madrid y recorrer el norte. La chica asentía a todo, no se le veía muy comunicativa. Bienvenidos a la Comunidad de Madrid. Las dos señoras amigas se unieron una vez entrado en Madrid a la conversación. Fue aquí cuando esta adquirió un tono más serio. Comenzaron a hablar de la Guerra Civil Española, La Biblia y el Valle de los Caídos. De ahí pasaron a las elecciones y la pugna política por el poder. La chica afirmaba rotundamente que no sabía a quién iba a votar, pero que una cosa tenía muy clara. Era de centro. Muy de centro. Centro Extremo. El señor que la acompañaba en el asiento contiguo replicó que así era como debían ser las cosas. Ambos estaban de acuerdo en que sentían una especie de miedo por las próximas elecciones. Repetían constantemente la palabra miedo, miedo mucho miedo y centro.

Mientras, las dos amigas hacen una lista de posibles sitios que visitar. Una le decía a la otra que tenía muchísimas ganas de visitar el Valle de los Caídos. El señor puso el oído y se metió en la conversación directamente. “¡Qué sitio tan espectacular! Toda una fuente de cultura y belleza”.

Entre alabanzas al Valle, clases magistrales de política española, miedo y todo tipo de temas habituales en un autobús de Socibus en el que el calor es el pasajero mayoritario, llegamos a Madrid.

A la vuelta, aquello que me dio los ingredientes y las ideas para estar ahora mismo  escribiendo estas palabras fue un artículo de la revista cultural Jot Down titulado La idea más peligrosa del siglo XXI.

Isaiah Berlin, politólogo e historiador propone como idea más peligrosa la noción de pensar que existe un mundo perfecto. Para ello el politólogo opta por la templanza. Entiende que el ser humano en su conjunto es un animal muy dispar. La eterna lucha entre igualdad y libertad no se puede superar sin que alguna de las dos partes salga herida. Por eso opta por la democracia como modelo político y un equilibrio de poderes en donde cada uno cede una pequeña parte de sus valores. Yo te doy libertad tu me das igualdad.

Berlin sustenta su idea en contra de la existencia de un mundo perfecto bajo el pretexto de que si hubiese tal, todo estaría justificado para alcanzarlo. Además podemos ver en su obra como sustenta esta equidad en la teoría del pluralismo como opción más acorde y válida.

Puede que fuese su calidad de judío en medio de un ambiente antisemita, el haber sufrido su familia la Rusia zarista o el tener que emigrar por culpa de ello lo que conforme su pensamiento.  Al igual que para esa chica que viajaba en el autobús, haya sido una posición social media, el poder estar estudiando un master sin ningún tipo de problema y la capacidad de viajar y darse lujos, lo que le lleve a afirmar que es de centro, centro radical. Que para Isaiah Berlin sea peligroso pensar que existe un mundo ideal, perfecto, utópico es hasta cierto punto comprensible. Porque si realmente existiese, todo medio estaría justificado para llegar a ese fin. Pero una vez más, la opción de Galeano:

La utopía está en el horizonte.

Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos

y el horizonte se corre diez pasos más allá.

¿Entonces para qué sirve la utopía?

Para eso, sirve para caminar.

En el artículo de Jot Down, Isaiah Berlin finaliza proponiendo la templanza como cualidad para lograr alcanzar nuestros objetivos. Esta templanza es obvio que no conjuga con posturas radicales, ni con el romanticismo, ni con la acción directa. Y yo me pregunto, ¿habríamos llegado a estar donde estamos ahora por medio de la templanza, el miedo o el posicionarnos en el centro?

El ser humano es ante todo un animal, un animal que habla pero que se basa en instintos. Comemos por hambre, nos reproducimos, sentimos miedo pero también somos protectores. Si guiamos nuestras acciones movidos por la templanza a lo mejor no arrastraríamos en nuestra historia tantas vidas perdidas, ni tantos capítulos negros.

Al mismo tiempo que el señor parlanchín alababa la decisión de la chica por posicionarse en una ideología política de centro, este admiraba la inmensidad del Valle de los Caídos.

Es muy sencillo hacer apología a una ideología mientras despreciamos a otra calificándola de radical, haciéndonos sentir miedo. Aquello que es complicado es seguir el pluralismo que defiende Isaiah, no aferrarnos a una opción y ver todo en su contexto. El problema es que para ver todo desde una visión más amplia hay que salir de nuestra zona de confort. Y puede que salir de ella nos haga ser más radicales, nos haga pensar en la necesidad de que efectivamente exista una utopía. Pero una utopía esta vez para todos, porque algunos ya la están viviendo y disfrutando.

En mi más humilde opinión, ni el Valle de los Caídos es un monumento cultural ni el aferrarse a una postura de centro es la opción más acertada. El Valle de los Caídos es un cementerio radioactivo que todavía hoy sigue haciendo daño. No cabe elogiar una postura moderada y a su vez aplaudir un lugar así. Por otro lado, el centro no es más que el hastío político. La opción aburrida que se elige cuando es obligatorio decantarse. Ni blanco ni negro. Pero muchas veces hay que elegir.

Ha sido el romanticismo del ser humano de guiarse por impulsos y el histórico radicalismo aquello que nos ha llevado hasta donde estamos hoy. A estar sentados en un autobús, viajando, y pudiendo hablar sin complejos ni miedo sobre nuestras ideas políticas. Ha sido el radicalismo de otros el que ha permitido que hoy podamos ser de centro. Pero la historia no acaba ni mucho menos en nuestros días, la historia es cíclica como las crisis del sistema capitalista. Y si dejamos que el temple inunde nuestras ansiadas ganas por construir una utopía no avanzaremos, nos estancaremos en un sistema soporífero, tedioso, falto de ganas por avanzar y coraje para luchar.

(Imagen de portada Cristo amarillo de Paul Gauguin)

@Celia Arcos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s