Ya no queremos leer a Lorca

No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,

pero dientes que callarán aislados por el raso negro.

No hay dolor en la voz. Aquí solo existe la Tierra.

La Tierra con sus puertas de siempre

que llevan al rubor de los frutos.

Panorama ciego de Nueva York – Calles y sueños (1929-1930) Poeta en Nueva York, Federico García Lorca 

Está lloviendo. Entro en la FNAC para resguardarme del aguacero y de paso ojear algún que otro libro. La primera estantería que encuentro a mano derecha es el podium de las letras, el Olimpo de los libros: los más vendidos. En la quinta balda está la presentadora de las noticias de Antena 3 con Olvidé Decirte Quiero, Mónica Carrillo. Dos puesto más arriba me encuentro con el Mr. Wonderfull de las letras, El libro de las pequeñas revoluciones de Elsa Punset. Bajo un poco la mirada y me topo con una portada llamativa colocada en el séptimo lugar, su autor Risto Mejide, título X.

Junto a la estantería de los libros más vendidos, que espero no sean los más leídos, hay una pequeña mesa llena hasta el último hueco de bolsos, libretas, bolis y demás inventos con colores flúor, letras de distintas tipografías y dibujos de corazones, sonrisas y emoticonos de Whatsapp.

Al fondo, en una lúgubre y poca iluminada esquina leo en un cartel Literatura Extranjera. Ahí encuentro a mi querido Albert Camus y sus hijos. La caída, La peste, el hombre rebelde, las cartas y El extranjero. A mi espalda, junto al montón de libros que yacen en una mesa destinada a libros que no sabemos en qué sección colocar veo al Poeta en Nueva York de Lorca. Seguramente alguna persona lo haya dejado ahí después de haber estado paseando un largo rato por la tienda con él y en el último momento haber decidido optar finalmente por el número uno de los más vendidos, La chica del tren de Paula Hawkins.

¿Por qué ya no queremos leer a Lorca?

La sensación que transmite el granadino en Poeta en Nueva York es angustiosa. Su lectura hace que nos sintamos incómodos, que queramos ignorar la trascendencia y la razón de sus palabras, nos hace sentir culpables y sobre todo crea un clima de dolor atemporal.

NUEVA YORK- Oficina y denuncia.

No es el infierno, es la calle.

No es la muerte. Es la tienda de frutas.

Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles

en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,

y yo oigo el canto de la lombriz

en el corazón de las muchachas.

Lorca realizó este viaje a Nueva York para ofrecer varias conferencias pero su aventura le sirvió para conformar con más sustento su aversión hacia el creciente capitalismo, (ahogado en ese momento por el crack del 29) y la industrialización. El propio poeta decía en una de sus conferencias:

Los dos elementos que el viajero capta en la gran ciudad son: arquitectura extrahumana y ritmo furioso. Geometría y angustia. En una primera oleada, el ritmo parece alegría, pero cuando se observa el mecanismo de la vida social y la esclavitud dolorosa del hombre y máquina juntos, se comprende aquella típica angustia vacía que hace perdonable, por evasión hasta el crimen y el bandidaje.

Esta última frase hace que venga a mi cabeza la imagen del protagonista de El extranjero de Camus. Este personaje es la viva representación de esa angustia y hastío vital que relata Lorca. Podríamos decir que el paisaje es la ciudad de Nueva York de Lorca y el personaje el Meursault de Camus en El extranjero. Tanto paisaje como personaje se caracterizan por el aburrimiento. La monótona melodía de una vida programada al compás de las máquinas. “Hoy ha muerto mamá, o quizás fue ayer, no lo sé”. Meursault sufre una fuerte y completa alienación que acaba por destrozar cualquier sentimiento que pueda experimentar.

Imagino las calles de Nueva York, con ese ruido intenso y molesto que describe Lorca, siendo paseadas por el personaje de Camus. Imagino la completa de fusión del asfalto con los pies, el cemento con las manos y las ideas con el mundanal ruido de una ciudad en constante ebullición a punto de explosionar. Siento en mi propia conciencia el inexistente dolor de Meursault unido a la falta de entendimiento entre Lorca y ese nuevo desarrollo.

Veo en mis manos la pistola que utilizó el extranjero para cometer ese crimen del que no se arrepiente y siento en mi costado esas hormigas de las que tanto habla Lorca. Unas hormigas cansadas, fatigadas y diminutas que tratan de llegar hasta mi pecho pero todas acaban muriendo en el intento.

A lo mejor ese es el problema. La excepcional capacidad de ambos autores para hacernos sentir aquello que ellos observaron e interiorizaron y que hoy en día sigue vigente, con más fuerza que nunca.

Leer antes de dormir es una de las más placenteras actividades que podemos realizar en nuestro día a día. Pero convertir esa lectura en un perpetuo instante de discusión y reflexión con el yo es una ardua tarea que no todos estamos dispuestos a realizar. La lectura de los dos autores mencionados no son un acto de apertura de conciencia o de ojos. Es más bien  una daga en nuestro costado que no nos permite respirar pero nos hace sentir más vivos y conscientes que nunca. Leer e interiorizar aquello que nos quieren transmitir tanto Camus en El extranjero como Lorca en Poeta en Nueva York es un acto de rebeldía “me rebelo, luego existo” (Albert Camus, El hombre rebelde] y en la actualidad no todas las personas tienen el suficiente coraje como para rebelarse, no por propia culpa sino por ese estado de duermevela que nos han inoculado.

Cada semana la estantería de Los más vendidos de la FNAC se renueva. Risto Mejide pasa de ocupar el séptimo lugar a estar en la segunda posición, y un nuevo libro de autoayuda o de cómo detectar a gente tóxica ha entrado en el Olimpo.

Lorca y Camus con el paso del tiempo han pasado de dormir solitarios en la estanterías para salir a la calle y pasear como uno más. Nueva York ha inundado Sevilla, Meursault está por todas las oficinas. Es la literatura de la no-ficción, del dolor tangible y los protagonistas y paisajes reales.

La primera impresión de aquel mundo no tiene raíz, perdura…

 

Porque si la rueda olvida su fórmula

ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos

y si una llama quema los helados proyectos

el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas

(Imagen de portada Melancolía de la partida, 1914  de Giorgio De Chirico)

@Celia Arcos

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