Los medios de opresión

En la actualidad, los medios de comunicación han conformado un espacio habitual de interacción entre emisor y receptor y comportan la manera más común de construir nuestra propia realidad gracias a los productos informativos que nos ofrecen.  

Hasta llegar a este punto, la mayor parte de las veces de infopolución en la que nos encontramos, las sociedades han tenido que afrontar la vertiginosa tarea de combatir un fenómeno desconocido, aprender de él, ponerlo en uso y tratar de convertirlo en un servicio para la ciudadanía.

Según el estudio realizado por la UNESCO, Comunicación para el desarrollo – Fortaleciendo la eficacia de las Naciones Unidas, podemos entender la función que desempeña la comunicación desde diferentes puntos de vista. Por ejemplo, la comunicación para el desarrollo y desarrollo de las capacidades para la apropiación a nivel nacional. Desde este enfoque sería necesario para el progreso de la sociedad una mejora en la interactividad entre los órganos informativos y la ciudadanía, así como el aprendizaje del funcionamiento de estos. Por otro lado, encontramos también la función de la comunicación como motor esencial en el desarrollo y la sostenibilidad medioambiental, esto vendría a decir en propias palabras del documento elaborado por la UNESCO que:

La comunicación es necesaria para lidiar con los desafíos medioambientales, a saber, “compartir información factual y científica, debatir sobre impactos y respuestas políticas, negociar acciones entre gobiernos y sociedad civil en el ámbito nacional y entre gobiernos en el ámbito internacional, así como debatir y acordar compensaciones y otras medidas”

Esta primitiva relación entre el medio de comunicación y la población la podemos ejemplificar con claridad desde la óptica de una sociedad en desarrollo que usa estos medios para crear una esfera pública y una mayor democratización de esta. Para ilustrarlo, el caso de las sociedades latinoamericanas a mediados del siglo XX.

En 1950 Bolivia contaba con alrededor de treinta y tres emisoras fundadas por sindicalistas mineros. Estas emisoras conformaron un nuevo espacio de comunicación para unos trabajadores que sufrían de un excesivo aislamiento. Gracias a la creación de este espacio radiofónico los trabajadores pudieron comunicarse con sus compañeros con fluidez desde socavones, sedes sindicales o incluso Iglesias y colegios. Por otro lado, en esos mismos colegios también se llevaron a cabo estrategias para la información sobre la extensión agrícola o la educación sanitaria gracias al uso de medios radiofónicos, audiovisuales y fotografías. La popularidad que ganó el medio radiofónico en Bolivia, con la iniciativa de los mineros creció tanto que, en la década de los años sesenta fue necesaria la creación de la red cooperativa ERBOL (Escuelas Radiofónicas de Bolivia). En esta red se introdujo la figura de los reporteros populares, corresponsales de zonas rurales que daban voz a aquellos pueblos indígenas y menos desarrollados.

Siguiendo en el ámbito bolivariano, podemos señalar también la gran relevancia y acogida que obtuvo el medio cinematográfico de la mano del  “cine junto al pueblo” de carácter eminentemente indigenista gracias a los documentales de Jorge Ruiz y Jorge Sanjinés.

Para no centrarnos exclusivamente en el caso de Bolivia, podemos también  mencionar cómo en Brasil proliferó una corriente denominada prensa nanica, conformada por un grupo de periodistas que publicaron periódicos clandestinos como símbolo de resistencia del pueblo frente a las dictaduras castrenses.

En  Perú nos topamos con la importante figura del español Michel Azcueta, gracias al que se promovió en el barrio Villa El Salvador -poblado en su inmensa mayoría por inmigrantes- el uso de formas de comunicación como cines en lugares públicos, e incluso la creación de un canal autóctono de televisión.

 

Al mismo tiempo que se daban todos estos progresos en Latinoamérica, cobró voz un grupo de estudiosos que se oponían a la idea denominada como Teoría de la dependencia. Esta se refiere a la excesiva necesidad la ayuda económica y de infraestructuras de parte de Estados Unidos que provocó que la industria latinoamericana se malvendiese a las empresas norteamericanas, ofreciendo materias primas muy baratas y aumentando de esta manera en enormes cantidades su deuda externa.

Los modelos de comunicación foráneos así como la propia industria y economía sufrieron un gran revés alrededor de los años setenta. Fue en esta época cuando tuvo lugar una terrible crisis petrolífera. La extrema subordinación latinoamericana a los Estados Unidos hizo que el continente sufriera aún en mayor magnitud una crisis causada por los países occidentales.Los niveles de pobreza en el continente latinoamericano aumentaron, dejando así socavado el intento por construir una comunicación pro-democrática.

La comunidad internacional advirtió la ineficacia de la puesta en práctica de “la comunicación de apoyo para el desarrollo”, ideada por Schramm en tierra latinoamericana y sustentada por la total dependencia económica de EE.UU. Por este motivo y, sin olvidar a otros países en desarrollo, se trató de poner solución a este problema mediante la elaboración del Informe McBride, publicado por la UNESCO en 1980. Una de las propuestas formuladas fue la creación de una Agencia de Noticias Internacional con la que se pudiese informar con independencia y sin presión desde y sobre aquellos países que no contaban con un motor informativo tan potente.

Cuando Eduardo Galeano expone en su libro Patas Arriba, La escuela del mundo al revés su idea sobre la incomunicación, hace referencia a este intento global de democratizar la información mediante el Informe Mcbride a través de un potente ejemplo:

Dos de cada tres seres humanos viven en el llamado Tercer Mundo, pero dos de cada tres corresponsales de las agencias noticiosas más importantes hacen sus trabajo en Europa y Estados Unidos.

La respuesta de la comunidad internacional al informe fue la inmediata salida de Estados Unidos y Gran Bretaña de la UNESCO, organismo que había encargado la elaboración del mismo. Esa es la manera en la que los países que ensalzan la palabra democracia en sus gloriosos discursos tratan de ayudar a las sociedades más castigadas. Obteniendo beneficios de ellas y recompensándolas con anonimato, ceguera y mudez.

Los prejuicios que se han ido forjando conforme a la imagen que desprenden los medios de comunicación latinoamericanos han sido tremendamente negativos debido a la desaprobación de la sociedad sudamericana de seguir los parámetros impuestos. La estigmatización que sufre la sociedad de la información del continente es sobretodo señalada por su supuesta politización además de por su estructura oligopólica. Desde una perspectiva más personal, es muy cuestionable este predominio etnocentrista en la sociedad occidental. Para no viajar muy lejos, en España las empresas de comunicación están distribuidas en torno a varios grupos que ostentan todo el poder, por ejemplo PRISA, ZETA, Mediapro, Vocento o Grupo Planeta. Además de estas sociedades, es aún más alarmante la situación actual en la que se encuentra la cadena pública Televisión Española, de la que constantemente recibimos información sobre la terrible presión y manipulación que sufren los periodistas que trabajan en ella.

Aún encontrándonos este panorama en nuestro propio país, son muchas las voces que podemos escuchar en cualquier charla coloquial que nos advierten, como si sus palabras fuesen sacras, de la injusticia, analfabetismo y manipulación que sufre la sociedad latinoamericana.

El anterior recorrido que hemos realizado sobre algunas de las primeras pinceladas de la creación de medios de comunicación en Latinoamérica nos demuestra que no existen sociedades subdesarrolladas, sino información malinterpretada o la propia historia mal narrada. Con este pensamiento no estoy encubriendo los monopolios que existen también en los medios latinoamericanos, como en Argentina con Clarín, Televisa en México, Globo en Brasil o Cisneros en Venezuela. Con estas reflexiones lo que estoy tratando de explicar es la necesidad y obligación moral de tratar a las personas como seres adultos, de no desprestigiar y dejar avanzar conforme el paso que cada sociedad crea oportuno, sin intervenir como tutores legales al rescate de un desamparado huérfano.

Creo que los medios de comunicación son a su vez la respuesta y el reflejo de la cultura de una sociedad, su propia idiosincrasia materializada en producto informativo y comunicativo. Que en Estados Unidos una cadena de televisión ofrezca un reality show en el que el premio es un contrato en una empresa del magnate Donald Trump, glorificando la figura de este, deja mucho que desear de una sociedad que se hace llamar a sí misma como la cuna de la democracia y la libertad y que además haya tratado a lo largo de toda la historia de marcar el paso de la sociedad latinoamericana.

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Fotografía de Yann Arthus-Bertrand

Como dice Galeano“Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.”

@Celia Arcos

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