La cara B de la democratización de la moda

Mientras me documentaba para escribir este artículo, Forbes ha publicado su lista actualizada con las personas más ricas del mundo, en esta última, Amancio Ortega, creador de Inditex, ha superado a Bill Gates, lucha de gigantes… He leído algún comentario por Internet en los que se subrayaba tanto la inmensa fortuna del dueño de Zara, Massimo Dutti y Oysho entre otras, como se le recriminaba la arbitrariedad con que actuaba para elegir con quién ser bondadoso; dona a Cáritas 20 millones de euros o a la sanidad gallega 17 millones y mientras tanto los trabajadores de las fábricas de India, Bangladesh, China, Pakistán y Camboya cobran unos irrisorios 31 euros al mes.

Maniquíes usados por Greenpeace para protestar por la falta de transparencia y malas prácticas ambientales, fuente Greenpeace.

Maniquíes usados por Greenpeace para protestar por la falta de transparencia y malas prácticas ambientales, fuente Greenpeace.

Muchas incógnitas giran alrededor de la gestión de Inditex (u otras marcas multinacionales) y al menos a mí personalmente, me hacen plantearme si entrar o no a comprar los pantalones vaqueros por 29, 95 €. Muchos tienen en mente esa imagen de satan gallego que se ha hecho rico a base de pisar a los demás: gracias a practicar la deslocalización para ahorrar en la  mano de obra, ubicando la producción en fábricas abarrotadas, en las que a los trabajadores se les pagan salarios que están por debajo de los mínimos establecidos y poseen unas condiciones laborales de pseudoesclavitud (no pueden ir al baño, no comen durante horas, no conceden a las mujeres embarazadas ningún derecho…). Otros simplemente pensarán que es un beneficiado más de nuestro sistema capitalista.

Fábrica textil en Bangladesh, fuente Inter Press Service.

Fábrica textil en Bangladesh, fuente Inter Press Service.

Algunos de los aspectos que han sido ampliamente criticados por las ONG en el caso concreto del gigante de Zara son la falta de transparencia de la empresa, que no ha hecho públicos los datos de los proveedores que subcontratan para la elaboración de las prendas y que en muchos ocasiones son compartidos con otras grandes multinacionales, solo se han publicado datos de algunos de los países en los que operan. Este aspecto impediría un conocimiento profundo sobre el número de empleados, los salarios que se les pagan o las condiciones en las que trabajan. Además de la controversia con el componente humano, han resaltado la opacidad de los procesos en relación a su impacto medioambiental, nos referimos al uso de químicos nocivos para la salud como tintes, al vertido reincidente de esos contaminantes a ríos cuyas aguas también se utilizan para consumo humano, la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera que produce calentamiento global y un largo etcétera de fechorías a la naturaleza.

Contaminación de tintes tóxicos en ríos chinos, fuente Greenpeace.

Contaminación de tintes tóxicos en ríos chinos, fuente Greenpeace.

Uno de los documentales más aplaudidos y controvertidos que muestran lo más oscuro de la industria textil es The True Cost en el que sacan los colores a nuestra sociedad occidental de consumo indagando en el origen y las consecuencias de la producción textil de las principales empresas textiles. La dinámica de la industria textil rápida o fast fashion es muy simple, la multinacional que se llama así porque sitúa las diferentes fases de la producción en diversos países, por lo general busca reducir los costes mediante la deslocalización de sus fábricas en países en vías de desarrollo donde la mano de obra es barata y las leyes medioambientales y las de protección laboral están también en vías de desarrollo. Occidente diseña y vende, y los países más desfavorecidos cosen, tiñen, remachan, siembran y recolectan.

Todo se podría reducir a un tablero con dos únicos actores, nuestra historia parece regirse por la ley del más fuerte; el débil hará nuestra ropa, sufrirá los efectos de los químicos y los pesticidas en su salud y tendrá que tratar sus enfermedades con medicinas que les venderemos nosotros y se contaminarán sus aguas, mientras que nosotros seremos los que llevemos esos objetos sin preguntarnos el porqué o el dónde, imbuidos por una especie de histeria colectiva por el consumo irracional y sempiterno.

Nos aprovechamos de su imperiosa necesidad de trabajar, sí, porque de seguro que habrá otros trabajos peor remunerados o con peores condiciones, pero es justamente debido a ese motivo por lo que nosotros tenemos que asumir la responsabilidad, porque sus gobiernos, debido a la presión que nuestras multinacionales ejercen a través de la álgida competencia no lo harán, por miedo a que se lleven la fábrica a otro país, que permita una producción más rápida y más barata, sin sobresaltos por los sindicatos o por presión de los trabajadores.

Pero, qué decir, cómo criticar este tema, cómo atreverme a ser pretenciosa si todos somos cómplices de este modelo. Es el eterno dilema con la llamada democratización de la moda que siempre me ha fascinado al igual que espantado. Nos han inculcado durante las últimas décadas que consumir prendas de la Fast Fashion Industry (Industria de la moda rápida) nos hará libres. En definitiva, como voy a justificar a una persona que no encuentra más gozo que la satisfacción que le da, aún teniendo pocos recursos, el poder ir decente, pudiéndose permitir la compra de alguna prenda que llene otros vacíos.  No los culpo, Occidente tiene mayoritariamente las necesidades básicas cubiertas y podemos preocuparnos de otros asuntos que no sean tener un plato caliente en la mesa.

Exposición Fast Fashion en el Museo de Arte y Comercio de Hamburgo, fuente So Good So Cute.

Exposición Fast Fashion en el Museo de Arte y Comercio de Hamburgo, fuente So Good So Cute.

A mí me encanta la moda porque la considero una forma más de canalizar el arte. Y me pregunto, ¿es posible otro modelo diferente al que predican las grandes marcas? La respuesta es sí. Todo conlleva una responsabilidad y nuestras acciones tienen que estar guiadas por una consciencia plena. Ahora que la asignatura de filosofía deja de ser obligatoria para convertirse en una asignatura opcional, obligándola a un exilio forzado a la larga, me viene a la mente nuestro modelo de vida capitalista, nuestro progreso por el progreso y nuestra justificación perenne de ” si no consumimos nuestra economía no podrá crecer”. Muchos neoliberales opinan que si dejamos de hacerlo, nuestra economía sufrirá los estragos y no se sostendrá, pero los padecerá indudablemente porque todo el sistema está mal enfocado, hemos creado una economía basada exclusivamente en el consumismo sin límites, por lo que es necesario atacar la raíz y crear un nuevo orden.

Nos imagino dentro de la cueva de Platón, atados de manos a nuestra falta de conciencia, de responsabilidad, de amplitud de miras, justificando nuestros actos por nuestra limitación, nuestra falta de compromiso, obligados a vislumbrar una procesión de estilos de vida de consumo; pero nunca saldremos de ella si no dejamos de taparnos mutuamente. Es momento de darnos cuenta de que cada individuo tiene la potencialidad para que de forma colectiva podamos hacer frente a las injusticias, porque sin nosotros la industria textil rápida no existiría. Podemos dar la espalda a esta atroz realidad, pero no dejará de existir por ello.

Algunos de los principios que prodiga la firma Wear Pact, fuente Wear Pact.

Algunos de los principios que prodiga la firma Wear Pact, fuente Wear Pact.

No todo en la cueva es oscuridad, poco a poco se van materializando los progresos. Este mismo año la web de Greenpeace hizo público un documento en el que aparecían las empresas textiles que han decidido comprometerse con el proyecto Detox, unos parámetros de transparencia y respeto al medio ambiente (eliminando tóxicos, disminuyendo los vertidos) muchas de las grandes marcas se han suscrito, otras tantas no lo han hecho. Están surgiendo empresas que asesoran a las firmas para cambiar sus antiguas prácticas, como Eco-Age, miles de diseñadores de nuestro propio país, jóvenes y ya consagrados están situando sus talleres aquí, fomentando la economía, respetando unos principios. Cada vez más voces, creadores y consumidores se están uniendo para crear un modelo sostenible, conscientes de que el cambio es necesario y posible.

Bueno, quizás solo esté diciendo disparates o quimeras propias de una idealista empedernida, será mucho mejor que nos vayamos al Primark de Gran Vía a saciar nuestro apetito incombustible de la vacuidad de nuestro estilo de vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s