El magnetismo de las modas gastronómicas

Nuestra sociedad de hiperconsumo se retroalimenta y avanza gracias a la creación constante de nuevas necesidades (en su mayoría irreales) de productos, cosmética, ropa, alimentos, gadgets, decoración…

Este es un tema que me resulta muy interesante porque abarca aspectos que versan desde lo puramente económico, es decir, crear productos y que sean comprados con el objetivo de generar beneficios, hasta los intrincados mecanismos que ponen en marcha para que acabemos contemplando ese nuevo producto como una necesidad imprescindible e imperiosa a la que no nos podemos resistir; ya sea a través del último grito en neuromarketing (que para quien no lo sepa consiste en hacer marketing fundamentándose en el estudio de nuestros estímulos sensoriales para así adelantarse a nuestros propios deseos: qué olores venden más, qué colores nos transmiten emociones positivas, por qué no se deben introducir relojes en los supermercados y un sinfín de estrategias que parecen más sacadas de 1984 o de Un Mundo Feliz), con la publicidad, la psicología y los medios de comunicación, que ya se encargan de canalizar todos los anteriores para bombardearnos con los estilos de vida de nuestro tiempo.

Mediante este último procedimiento, siendo quizás el más efectivo, son los propios seres humanos los que actúan como modelo, ejemplo y escaparate de este constante espectáculo teatral y logran imantarnos con sus hábitos, sus caracteres, sus lugares favoritos de viaje, sus restaurantes o sus recetas. Nosotros, seres costumbristas, no dudamos en tomarlos como nuestros fieles espejos y acabamos reproduciendo estas prácticas ya sean nocivas o provechosas (Kim Kardashian y su daño irreparable a la humanidad).

Parrafadas existencialistas sartrerianas aparte, he de decir que me cabrea sobremanera leer recetas e indagar en temas gastronómicos y ver cómo se inventan productos que ahora son lo más, hierbas orientales que beben en ayunas las celebrities y modas veganas  y demás corrientes posmodernas.

Tampoco me voy a poner digna reivindicando la eternidad castiza de la albóndiga, pero en el punto medio está la virtud. Aquí dejo algunos de los ejemplos que apoyan mi teoría en lo que va de año 2015.

Mason Jar

Alias tarro de cristal cool. Obtenido de la página Cocina en Casa.
Alias tarro de cristal cool. Obtenido de la página Cocina en Casa.

¿Qué son? ¿Y por qué tienen un nombre tan estrambótico? Hasta donde yo sé, se trata de los botes de cristal en los que han venido los garbanzos, las habichuelas y las mermeladas, al menos en nuestro país. Ahora no, ahora son la novedad, lo más de lo más, son los nuevos tupper que llevar al trabajo o los recipientes donde servir los cócteles. Sus defensores claman que el cristal es más respetuoso con la naturaleza, no se usa plástico, el alimento aguanta mejor y no coge sabores raros y consigue, por ejemplo, que al estar en vertical no se mezcle el aliño. A mí me sigue pareciendo un bote de cristal al uso, pero sed previsores y guardad los que tenéis por casa, por la red se están vendiendo a unos 8 euros, así que podéis hacer negocio.

Kale

Ejemplo de kale cocinado en paté. Extraído de Vogue.
Ejemplo de kale cocinado en paté. Extraído de Vogue.

No es Kale XY, aquel tierno extraterrestre que no tenía ombligo. Es una col verde rizada que podíamos encontrar en nuestros huertos y que por su sabor un poco ácido poca gente usaba o sabía como condimentar o cocinar. Actualmente, gracias a su redescubrimiento por los veganos, hemos sabido que son un mega alimento que aporta cantidades ingentes de beneficios al cuerpo humano.

Os dejo por aquí unas páginas que han recogido recetas con Kale de Vogue y Glamour.

Quinoa

Quinoa cocida de la página Mejor en Salud.
Quinoa cocida de la página Mejor en Salud.

Parece una mezcla entre granos de arroz y cuscús de un tamaño mayor. Pero en realidad es un pseudocereal procedente de América Latina que se usaba desde hace más de 5000 años, y parece como si lo hubieran descubierto los modernos occidentales ahora. Es muy nutritivo y muy dinámico para preparar platos, pero su precio extremadamente elevado.

Zumos detox

Zumos detox en Mason Jar 2x1 publicadas en Vivir es un Placer.
Zumos detox en Mason Jar 2×1 publicadas en Vivir es un Placer.

Tras los excesos navideños… tras los excesos veraniegos… ¡zumo detox! Bien, el zumo detox es un zumo en el que básicamente cabe todo lo que le quieras echar (excluyamos el alcohol) que supuestamente purifica tu cuerpo y lo libera de esas toxinas acumuladas tras la ingesta excesiva de alimentos o de alcohol. La idea no está mal, lo que sí está mal es que algunas personas han decidido sustituirlos por comidas verdaderas y solo se alimentan de forma líquida, además, el sabor de algunos es, cuanto menos, raro.

Té Matcha

tiramisu matcha

El té matcha es un tipo de té verde que procede de China pero se popularizó en Japón a raíz de la filosofía budista y cuyo uso ahora se ha extendido por Occidente por su sabor dulce (debido a los aminoácidos que contiene) y por su versatilidad en la cocina, se puede utilizar para hacer bizcochos, helados y dulces tiñéndolos naturalmente de color verde. Pues eso, té verde pero más caro.

Freekeh

Freekeh o Farikah en árabe en ensalada de la página Vegan Appetite.
Freekeh o Farikah en árabe en ensalada de la página Vegan Appetite.

Es otro cereal como la quinoa, en este caso se obtiene del trigo verde, no tostado, y se planta y usa principalmente en la zona de Oriente Medio y también en el norte de África. Es uno de esos alimentos milenarios y viejunos que a nosotros nos parecen exóticos por el mero hecho de proceder de otro lugar. Nutricionalmente tiene el mismo valor que cualquier cereal de su rango pero ha destacado por su alto contenido en fibra, más que su prima la quinoa. En Estados Unidos ya se hablaba de él hace dos años, y ahora está aterrizando en España.

Tempura

Tempura de verduras de la página Just Hungry.
Tempura de verduras de la página Just Hungry.

Encuentra las siete diferencias entre los calamares a la romana y la tempura de calamares. ¿Las has encontrado ya? No, ¿verdad? Yo tampoco, pero está copando las cartas de la mayoría de mis queridos gastrobares por ser una fritura guay típica de la gastronomía japonesa que parece poco aceitosa y que tiene su intríngulis para prepararla por aquello de que se debe sumergir en agua helada y luego freirla muy poco tiempo en aceite muy caliente pero no quemado, limpio e introduciéndolos de uno en uno. Lo cierto es que no deja de ser verdura frita, pero ya sabéis, cría fama y échate a dormir. 

Alerta para navegantes: Todas estas alegaciones se han realizado desde el cariño y la benevolencia, nunca para menospreciar el trabajo de ninguna persona.

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