Lisboa para dummies

Ahora que ya estamos completamente inmersos en el más otoñal otoño (menos en Sevilla) y miramos con nostalgia/recelo a nuestro verano, os propongo una ruta (super innovadora) por Lisboa. Coinciden conmigo muchos amigos (y entendidos también) en que Lisboa es una de las ciudades europeas más espectaculares y con más encanto. Constantemente sorprende su capacidad para perpetuar sus tradiciones y aportar nuevas ideas y proyectos contemporáneos, consiguiendo una simbiosis absoluta entre ambos sin que ninguno de estos chirríe.

Lisboa de hecho ahora está de moda, es uno de esos lugares que han conseguido compartir el podio con Berlín, en cuanto a vanguardismo y modernura, que ahora se está sumando a los ya conocidos Budapest, Dubrovnik, Krakovia o Vilna. Digamos que el proceso de gentrificación que se produce en los barrios de las ciudades se magnifica y urbes que tradicionalmente han estado devastadas (bien por la guerra o por un desarrollo económico menor) ahora pasan a ser epicentro de lo artístico y germen de lo moderno en arte, diseño, música y gastronomía. Muchos estudiantes y artistas ingleses (allí todos son artistas) de lo que llamaríamos la high society, se están mudando a Lisboa porque Londres se les ha quedado pasado de moda, demasiado mainstream. (Nótese la ironía con que uso los términos en inglés).

Pues bien, aparte de que es extremadamente barato, hay vuelos de Ryanair muy económicos y se lo merecen porque son unos vecinos muy encantadores que siempre nos dan algún punto en Eurovisión (no estoy segura de que lo hicieran con Chiquilicuatre) voy a añadir algunos motivos más para que nos dejemos caer por sus tierras.

Se come muy bien

Si te gusta el bacalao este es tu lugar. En Portugal en general, se cocina este pescado de todas las formas posibles y yo os invito a que las probéis todas, algunas de las más míticas son: bacalhau a bras, bacalhau a natas, bacalhau dourado, espiritual o a lagareiro. (Atención, después de comer bacalhau durante cuatro días seguidos te puede dar bacalaítis). El pulpo, las sardinas asadas (y en paté) o los chouriços son otros de los delicatessem que no pueden pasar sin ser probados. De beber, la ginjinha que es un licor de cerezas que se toma en vasito de chocolate y el vino verde, parecido al albariño gallego.

Pulpo a lagareiro
Pulpo a lagareiro
Chouriço
Chouriço a la brasa
Bacalhau a bras
Un riquísimo bacalhau a bras. Foto tomada por mí.
Bacalhau a natas
Bacalhau a natas (tuvimos que probarlo antes de hacer la foto, no nos resistimos). Foto tomada por mí.
Bacalhau a bras
Otra versión del bacalhau a bras (esta vez sin cilantro, gracias al cielo). Foto tomada por mí.
Bacalhau
Bacalhau típico de este restaurante, con gambas, patatas y jamón, algo así como un tierra y mar en toda regla. Foto tomada por mí.

¡Dulces! Si no has ido a Belem a probar los Pasteis de Belem no eres aún un ser humano completo. Puedes comer todos los que quieras que difícilmente los vas a aborrecer. Además tienen otras exquisiteces como la queijada o los travesseiros de Sintra.

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Tiene unos barrios genuinos

La ciudad no dispone del clásico centro ciudad o casco histórico, si no que está conformada por una serie de barrios, cada uno de ellos con una personalidad muy marcada y distintiva. Podemos viajar en el tiempo caminando por sus calles, observar diferentes momentos de fundación, identidades, gastronomía, música y cerámica. Bairro Alto, Baixa, Belem, Graça o Alfama son algunos de los distritos más espectaculares y con más carácter.

  • Bairro Alto es una mezcla explosiva entre callejuelas empedradas, muchísimos bares de comida tradicional lisboeta y también contemporánea, todos los espacios decorados con bastante gusto, tiendas de ropa, música, diseño y mucha marcha nocturna en sus pequeños garitos.
  • Baixa es justo el barrio que se encuentra debajo (literalmente) del Alto. Primero sufrimos los estragos de la gravedad porque tenemos que sortear las numerosísimas pendientes de sus calles, luego conseguimos llegar a espacios más anchos y horizontales conforme se va acercando a la desembocadura del Tajo. Tiene restaurantes majestuosos, teatros y se sitúa el Elevador de Santa Justa, un ascensor cuyo exterior recuerda a la Torre Eiffel desde donde se ve toda la ciudad.
  • Alfama. Es el barrio árabe, su nombre procede de la palabra al hammam (los baños) allí se encuentra la Catedral de Lisboa, más conocida como la Iglesia de la Sé, también tiene restaurantes muy particulares donde degustar los mil tipos de bacalao descritos o podemos descubrir un sitio recóndito y encantador como Chapitò, una asociación cultural de teatro y circo a la que se accede por la tienda de regalos como en el documental de Banksy “Exit through the gift shop” donde podemos cenar con unas vistas increíbles mientras asistimos a un espectáculo de clowns.
  • Graça. En este barrio se conglomeran un sin fin de miradores, todos gratuitos, el más increíble es el Miradouro de Graça donde se ven las mejores vistas de la ciudad con música de fondo de artistas callejeros que tocan desde Bossa Nova, a Fados y hasta se arrancan por Compay Segundo. También aquí podemos visitar el Castillo de San Jorge y perdernos por sus callejuelas y travessas.
  • Belem. Para llegar hasta aquí tenemos que coger el mítico tranvía 28, icono de la ciudad. Podemos viajar tanto en el transporte moderno como en los antiguos de madera (no apto para cardíacos) porque está un poco alejado del centro de la ciudad. Las vistas durante el recorrido merecen la pena, pasamos por el puente 25 de Abril y por el Mercado da Ribeira, restaurado recientemente y convertido en un punto de encuentro gastronómico . Aquí visitamos el Monumento a los Conquistadores, la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos (atención que cierra los lunes) y por supuesto… la casa madre de los auténticos Pasteis de Belem. No os dejéis engañar por las larguísimas colas abarrotadas de turistas, van rápido y no os podéis ir de la ciudad sin haberlos degustado.

    Monasterio de los Jerónimos. Foto hecha por mí.
    Monasterio de los Jerónimos. Foto hecha por mí.

Literatura, cultura y arte a raudales

Fernando Pessoa y José Saramago se perdieron en sus calles y alguno de hecho, sigue por allí, aunque sea en su versión de bronce. Antes de ir a la ciudad que renace después de cada cataclismo (incendios, terremotos) deberemos haber leído alguna de las obras cumbres de estos autores para mimetizarnos con el imaginario colectivo cultural de la ciudad. Cuna del saudade tan próximo a la morriña gallega que quién sabe a qué se deberá, si al clima, al carácter de su gente o la cultura pescadora del “no sé si volveré a casa después de esta noche”, pero que, como el cante jondo o los fandangos, conllevan un sentimiento profundo de desasosiego y nostalgia que solo se puede transmitir con una manifestación artística que esté a su alcance.

Funicular sobre el Tajo en el Parque de las Naciones.
Funicular sobre el Tajo en el Parque de las Naciones.

Otro enclave que merece ser visitado es el Parque de las Naciones, al que se llega en metro y se sale por la bellísima Estación de Oriente que construyó un arquitecto español, Calatrava. Construida para la Expo del 98, el Parque alberga edificios como el Pabellón de Portugal de Álvaro Siza que harán que se les caiga la baba a aquellos que veneren la arquitectura de líneas puras y limpias como las que él proyecta, un funicular sobre el que atraviesas el Tajo o el Oceanário de Lisboa.

Si estas te han parecido pocas razones por las que visitar a nuestros amabilísimos vecinos, ¿qué más quieres?

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