Formas de vivir en paz con la tierra

Muchas veces nos preguntamos qué podemos hacer en nuestro día a día para combatir el cambio climático o simplemente para ser conscientes y respetuosos con el medio en el que vivimos (no nos llamamos Leonardo Dicaprio, Bill Gates o Al Gore ni contamos con millones de trillones para invertirlos en tecnologías limpias o en proyectos energéticos open source) pero lo cierto es que no podemos ampararnos en eso o en la falta de alternativas para legitimar nuestra inacción. Esto no pretende ser el Consultorio de la Señorita Pepis en el que demos la clave mágica para arreglar el mundo ni tampoco voy a predicar con el ejemplo de la perfección de mis actos, sencillamente recogeré algunos consejos viables que encajan con nuestro modo de vida urbano para evidenciar que efectivamente existen métodos que podemos aplicar.

Limitar el consumo de plástico

Mujer disfrutando de su vida plastificada extraída de la web Conciencia Eco.
Mujer disfrutando de su vida plastificada extraída de la web Conciencia Eco.

¿Cómo, si todo parece estar fabricado con plástico? Existen muchas páginas web en las que puedes comprar productos, herramientas, muebles, utensilios, contenedores que no están elaborados con este material y que no son tan caros como para convertirse en inalcanzables ni tan rudimentarios como para pecar de inútiles. Mira un instante a tu alrededor, incluso observa la ropa y los accesorios que usas y te darás cuenta de lo plastificadas que están nuestras vidas. Si los cálculos no erran mucho, no queda mucho para su extinción casi total, así que más nos vale acostumbrarnos a otras posibilidades.

Comprar ropa usada o fabricarla nosotros mismos

Consignas estipuladas para descambiar ropa de la web Embolicados.
Consignas estipuladas para descambiar ropa publicadas en la web Embolicados.

No llores, puedes seguir comprando en las tiendas que-explotan-a-niños-en-Tailandia. No pretendo insinuar que debamos vestir como pordioseros (vocablo bellísimo, léelo de nuevo y mira su raíz) para preservar la naturaleza, pero lo cierto es que con la industrialización y la tecnificación de todos los procesos, al abaratarse la mano de obra y los materiales hemos conseguido un acceso inmediato a estos bienes y por ende, perdido en parte la noción de su concepción. Al hacer esto, lo sustituimos por un mero intercambio de horas de trabajo-dinero que parece obviar toda la historia y procedencia de su creación; en la mayoría de las ocasiones aupada por la felicidad momentánea que nos provocan las neoposesiones. En el Reino Unido nos llevaban la delantera hace ya algunos años con los Charity’s y las tiendas donde venden ropa de segunda mano y debemos dar las gracias a los Hipsters o a sus predecesores por importar la tradición a nuestro país. Aunque he de decir que nosotros llevamos lustros disfrutando de nuestros mercadillos…

Calcular nuestra huella ecológica

Nos lo tomamos a risa, pero Enrique de Vicente no.
Nos lo tomamos a risa, pero Enrique de Vicente no.

Muchas aerolíneas están proporcionándonos esta cifra cuando compramos los billetes de avión, al calcular nuestro impacto ecológico tras la realización de vuelos de corta o larga distancia, esos chemical trails (algunos conspiranóicos de Cuarto Milenio dicen que sirven para fumigar a la población, causándonos la esterilidad o algunas enfermedades) que observamos desde la tierra las dejan los aviones cuando vuelan. También podemos utilizar páginas web que tasan nuestro impacto diario a través de una estimación de los recursos que usamos, tales como el agua, la electricidad, nuestro medio de transporte y los residuos que generamos. Quizás tras el conocimiento de nuestra huella en la tierra, nos sacuda un pellizco de realidad y responsabilidad y nos haga replantearnos algunos hábitos.

Reciclar

Ahora ya sabemos qué hacer con los rollos de papel higiénico.
Ahora ya sabemos qué hacer con los rollos de papel higiénico.

Parece que damos por hecho que reciclamos, o aún peor, que sabemos reciclar correctamente, pero tal vez lo que estemos haciendo no sirva para nada porque o bien no nos hemos informado o bien porque ni siquiera el ayuntamiento de la ciudad en la que vivimos se está preocupando por ofrecernos un sistema de recogida de basuras propicio. Sea como fuere, no usemos toda la desinformación o inactividad como excusa y hagamos por enterarnos. En esta página puedes hacer un ecotest para evaluar tus aptitudes y descubrir, si no lo superas, si eres un ecodespistado o si apruebas con nota, lo que te convierte en una estrella del reciclaje.

Cultivar en huertos urbanos/ caseros

Se puede plantar en sitios tan inhóspitos como encima de un aire acondicionado en Panamá.
Se puede plantar en sitios tan inhóspitos como encima de un aire acondicionado en Panamá.

Algunos viven en casas y tienen la posibilidad de cultivar su propios alimentos, otros (quizás la mayoría) vivimos en ciudades y en pisos sin balcón y aparentemente sin sitio para hacer crecer nada (excepto pelusas) en nuestras cuatro paredes, pero la verdad es que existen espacios, muchas veces autogestionados y otros que podemos alquilar como el Huerto Helgar, que nos dan la posibilidad de sembrar nuestros propios alimentos en una urbe. En ocasiones, hasta por parte de la administración, como la Junta de Andalucía, se nos proporciona un suelo e incluso las herramientas y recursos hídricos necesarios para poder llevarlos a cabo. En mi comunidad, Andalucía, y en concreto en la ciudad de Sevilla contamos con algunos a las afueras, como el Parque de Miraflores, el de Tamarguillo y otros en la zona centro como el Huerto del Rey Moro donde podemos ensuciarnos las uñas de tierra mojada.

Hacer la compra de forma consciente

Llenar el canasto en la tienda del barrio, tener en cuenta el calendario de cultivo, sumarnos a una cooperativa de horticultores para que nos envíen periódicamente las hortalizas a casa o comprar las legumbres y los frutos secos a granel. Soy una detractora de la zonificación que suponen los centros comerciales y sufro cuando el centro histórico de una ciudad deja de ser el epicentro social, económico y comercial por el mero hecho de que hayan construido unos grandes almacenes a las afueras donde se conglomera todo: tiendas, cines, supermercados, electrónica, bricolaje…A priori podemos pensar “Ay, si tuviera tiempo, desde luego que lo haría…” o incluso, “Si tuviera dinero…”; ambos argumentos que usamos como barrera de obstáculos en nuestra vida diaria con objeto de disuadirnos dejan de tener validez cuando nos topamos con alternativas reales.

Fabricar nuestros propios cosméticos y jabones 

Si le damos un mordisco creyendo que es chocolate tal vez nos intoxiquemos.
Si le damos un mordisco creyendo que es chocolate tal vez nos intoxiquemos.

En mi familia se fabrica jabón, detergente e incluso suavizante a partir de aceite de oliva reutilizado (que usamos en cantidades industriales buena jienense que soy). Ha sido una imagen muy repetida durante las estancias en mi pueblo contemplar cómo lo hacen mis tías en el patio casi con los ojos cerrados; bastan algunos útiles (un barreño, un delantal y un palo largo de madera para remover), sosa cáustica, aceite de oliva de la freidora ya filtrado y agua y un mes de espera (y paciencia) para que se solidifique el jabón, et voilà. Es fácil de hacer, podemos convertir nuestra azotea comunal en un laboratorio a lo Breaking Bad, lo cual tiene su morbo, le damos una nueva vida al aceite usado e incluso conseguimos ahorrar dinero.

Hacer nuestro propio pan, pizzas y bizcochos

Yo he hecho la chapata o ciabatta que ha estado de viaje en Costa Rica, pero está muy buena.
Yo he hecho la chapata o ciabatta que ha estado de viaje en Costa Rica, pero está muy buena.
Galletas hechas de amor y chocolate con leche.
Galletas hechas de amor y chocolate con leche.

¿Por qué no nos convertirnos en la panadería casera que siempre soñamos (o soñaron nuestras hermanas, que en mi caso es la que se come mis creaciones)? Por supuesto que debemos seguir consumiendo pan de la panadería para que el señor que lo regenta pueda seguir obteniendo su sustento, no obstante, una vez más, sucumbimos a la bollería barata industrial y al pan de molde que lleva de todo menos pan, por falta de tiempo y por la cercanía del super. Os animo a que os pongáis un delantal y tiñáis la nariz de harina, basta con hacer pruebas de ensayo y error y al final, cuando hayamos conseguido la fórmula más idónea para hacer nuestras propias elaboraciones no querremos volver a comprar nada industrial, porque habremos desarrollado ese paladar casero que grita ¡Aditivos no! Pero como no solo de pan vive el hombre… arriesguémonos, hagamos focaccia, helado, mantequilla, yogures, queso… El día tiene veinticuatro horas y creo que si las exprimimos, puede tener aún más.

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